Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 9 Febrero, 2013

Cualquier entrenador de fútbol de Concacaf, con un mínimo de coeficiente intelectual, tiene que saber que al futbolista costarricense se le aniquila, presionándolo.
Métale presión al medio campo de cualquier seleccionado costarricense, con escasísimas excepciones y los ticos se parten a la mitad.
Los volantes desaparecen; los delanteros se aíslan y los defensas se derrumban y esto fue lo que sucedió en Panamá en la primera media hora del partido.
Solo por repasar un ejemplo, de varios, habrán notado todos que cuando Christopher Meneses intentó asociarse con Cristian Bolaños, recostado este en la franja izquierda del ataque, al volante costarricense le caían de inmediato dos o tres marcas: Parrish, Sánchez y Gómez, que desde luego no lo dejaron respirar. Igual le pasó a Bryan Ruiz con Cooper, Henríquez y el mismo Gómez encima.
Hace mucho rato que Costa Rica no encuentra un estratega que les enseñe a los jugadores cómo quitarse una marca a presión asfixiante y si los hay, o los ha habido, entonces la culpa es de los jugadores que no aprenden.
No podemos resumir, porque resulta injusto, el desplome de la Selección Nacional en aquella fatídica media hora, a los yerros defensivos de Salvatierra. Fue toda la defensa la que se cayó, pero la sucesión de errores de la retaguardia, se engendró en la inoperancia y deficiencia que en el medio campo mostraron desde el primer minuto Ruiz, Celso y Chiqui, incapaces de asegurar los servicios y sin visión táctica para deshacerse con un fútbol individual o colectivo de la marca a presión de los anfitriones.
Desde el arranque del partido Panamá asfixió a nuestros volantes, los obligó a deshacerse del balón en forma imprecisa y prematura y de inmediato lanzó las ofensivas.
Recuerden que en los primeros cinco minutos, ya Pemberton había tocado bola tres veces, prueba fehaciente de que Dely Valdés nos tenía bien estudiados y sabía de nuestros puntos débiles. Este partido en Panamá estaba perdido y se tuvo muchísima suerte en empatarlo.
Por dicha, los canaleros no aguantaron el ritmo vertiginoso que le impusieron al juego desde el inicio y permitieron la reacción de los ticos.
Y a Pinto, exigirle y ya no pedirle, que no siente más a Campbell; él es nuestro Messi y no hay ninguna razón, salvo limitaciones físicas, para tenerlo sentado. Con lo estrecha que será la hexagonal, regalarle 45 minutos a un rival es un sacrilegio.

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