Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 18 Noviembre, 2009



Para bien o para mal hoy termina la historia.
De Medford a Simoes, un calvario, con Kenton en el medio.
Conforme se nos aleja Sudáfrica, se nos acercan los ingratos recuerdos de Washington.
¡Cómo no se pudo sostener esa ventaja de oro en 45 minutos!
¡Cómo se cerró mentalmente el equipo, que absolutamente a nadie se le ocurrió algo, para que ese último tiro de esquina no se convirtiera en gol!
¡Tantas cosas legales y trampas tácticas que se pudieron ordenar para que el balón no ingresara!
Llegó la última oportunidad.
Curiosamente la semana pasada fui al cine a ver una película hermosa con ese nombre: “La última oportunidad”. Se le presentó al laureado Dustin Hoffman y desde luego que no la desaprovechó, con la complicidad de la enigmática Emma Thompson (qué mujerón).
Sería hermoso que el final de esta cinta en una paradisiaca calle londinense, se repitiera esta tarde en el Estadio Centenario y que Costa Rica aprovechara su última oportunidad.
Los uruguayos ya están en Sudáfrica; todos, absolutamente todos, menos Marcelo Tulbovitz.
Pero, el partido hay que jugarlo.
Falta el segundo tiempo y mi criterio personal de este repechaje, varió bastante después de mirar y analizar a los charrúas en el Saprissa.
Si nuestros jugadores logran hacer tres cosas bien hechas, se puede dar la sorpresa.
La primera es que la defensa no cometa errores; es un hecho de que Forlán y Suárez, dormidos en Tibás, despertarán en casa. Hay que pararlos.
Segundo: que los carrileros se suelten; tiene razón René Simoes cuando afirmó que Costa Rica perdió todo el primer tiempo en casa. Cuesta explicarse por qué a los ticos les quemó la pelota. Pablo Herrera, Cristian Bolaños y Esteban Sirias tienen que pasar a sectores ofensivos para juntarse con Walter Centeno. Este es un primer adelanto de líneas urgente, para dar paso al punto tres.
Hay que acompañar a Alvaro Saborío.
Es imposible tener éxito con nuestro ariete aislado, cercado y arrinconado por tres pesos completos. Es más; es injusto para nuestro cuestionado “nueve”.
Si amarramos el binomio de ataque charrúa y nos juntamos en ofensiva, mínimo haremos un gol y después, a ver cómo se sostiene. Estoy optimista; nace mi positivismo por lo visto en el Saprissa; a pocas horas de este final no me pidan explicarlo. Solo sé que lo siento.

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