Gaetano Pandolfo

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Martes 15 Enero, 2008

Nota de Tano

Gaetano Pandolfo
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La sequía de victorias preocupa.
Preocupa también la impotencia que reflejan los técnicos ante la falta de definición de sus discípulos.
Al final del partido que Puntarenas empató 0-0 con Pérez Zeledón, el entrenador Alejandro Larrea, que ayer presentó su renuncia al cargo y le fue aceptada, prácticamente dio a entender que él no podía meterse a la cancha a concretar las ocasiones de gol que desperdician sus jugadores.
Hernán Medford fue un poco más tajante al término del juego entre Costa Rica y Suecia, que terminó sin goles para los tricolores.
Dijo el entrenador: “ya no sé qué hacer, la falta de gol habrá que pasársela a los entrenadores de los equipos, para que trabajen en eso”.
Los goleadores escasean en el mundo del fútbol y por eso son tan apetecidos; en nuestro balompié de quinto mundo se refleja dramáticamente ese fenómeno.
En años anteriores los máximos goleadores de nuestros campeonatos terminaban con al menos más de 20 goles a su haber por temporada. Hoy los máximos artilleros se consagran con 15 ó 17 conquistas.
No tenemos goleadores.
Esta semana en que la televisión nacional se hartó de pasar los vídeos con los goles de Paulo César Wanchope es fácil notar como la mayoría de sus conquistas son logradas por su físico más que por su talento, sin negar que metió goles espectaculares.
La altura de Wanchope y sus largas piernas le permitieron dejar en los cordeles muchos goles en jugadas de entrevero. Igual hizo goles lindísimos.
Rolando Fonseca y Paulo César formaron el binomio goleador por excelencia de nuestro máximo representativo. El relevo se quedó en las piernas y cabeza de Alvaro Saborío, un “asesino del área”, según lo califica el preparador físico de la tricolor, Marcelo Tulbovitz, aunque todos sabemos que en muchas ocasiones, el arma letal de Alvaro no tiene municiones.
Hernán Medford ha probado varios delanteros; algunos con muchos minutos de acción y otros con poca oportunidad.
Por ejemplo, Víctor Núñez ha tenido muchos más minutos que Andy Furtado; Alonso Solís se ha apagado en el peor momento; Ronald Gómez mete un gol cada seis partidos y antes no era así; nuestros volantes creativos igual están lejos de la red. Ocasionalmente a Walter Centeno le suena la flauta; los carrileros en el fútbol costarricense no son de gol.
En síntesis, la mano de obra escasea.
Se agrega al drama el hecho de que el fútbol costarricense en su totalidad no es generador de fútbol ofensivo; el volumen de ataque de nuestros clubes, reflejado luego en el comportamiento de la Selección Nacional, es negativo.
El fútbol nacional carece de ritmo, vértigo, fantasía y sorpresa; es absolutamente predecible, de manera que en cada juego se presentan a lo sumo tres ocasiones de gol y nuestros delanteros las desaprovechan.
El tema es delicado, diríamos que grave, pues a pocos meses de la eliminatoria mundialista, no se le ve solución.