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Domingo, 16 de diciembre de 2018



NOTA DE TANO


Nota de Tano

Gaetano Pandolfo [email protected] | Viernes 16 noviembre, 2007


Nota de Tano

Gaetano Pandolfo
[email protected]  

Estamos claros que cuesta sostener a un director técnico que pierde siete partidos seguidos, aunque como siempre en estos casos, habría que analizar si fue él quien perdió los partidos o sus dirigidos.
La Universidad de Costa Rica perdió cuatro de esos siete partidos en tiempo de reposición o lo que es casi igual, en los últimos minutos de los juegos. Por ese túnel de inoperancia o de falta de experiencia de su novel formación, dejó escapar de cuatro a 12 unidades que de atraparlas, la tendrían en la pelea de la clasificación a la segunda fase.
Hemos analizado las declaraciones de Marvin Solano, el estratega cesado por la dirigencia celeste, y palpamos que es tal la contundencia de los resultados adversos que no hay espacio para la defensa. Sentimos que hasta don Marvin se da cuenta de que no dejó espacio de maniobra para intentar una defensa a su caída.
Siete derrotas seguidas y 21 puntos perdidos son una combinación de factores tan letales que obligan a asfaltar la ruta hacia la decapitación. La cabeza de Solano era insostenible.
Por eso nos será difícil hallar en este espacio argumentos para defenderlo, porque nos nace defenderlo.
Para empezar, no se puede comentar que su destitución fue precipitada. ¿Cómo va a resultar prematuro quitar a un entrenador con siete derrotas al hilo?
Sin embargo, se da un reconocimiento público a la excelencia del trabajo de don Marvin en tantos meses al frente de los celestes; fue el artífice del ascenso de la UCR a la máxima categoría y su equipo fue protagonista de grandes actuaciones en las primeras jornadas del campeonato.
De pronto, el castillo de naipes empezó a derrumbarse; derrotas y empates dolorosos cuando la U tenía los tres puntos en su bolsillo, como sucedió ante Alajuelense y Puntarenas, dos de los grandes del certamen, que “le robaron” a los discípulos de Solano triunfos sorprendentes, hicieron mella en la mente de jugadores jóvenes y sin preparación sicológica adecuada —por sus edades—, para asimilar esos mazazos.
Al joven equipo de la Universidad se le pegó una epidemia; una lepra de temores y un sida de inseguridades que quebró en los siguientes partidos la estructura del grupo.
Hasta los “viejos del barrio estudiantil” como Reynaldo Parks y José Pablo Fonseca sucumbieron al contagio; autogoles y penales errados por este par de líderes lo confirman.
Marvin Solano, el capitán del buque, perdió el timón; la embarcación pegó no en uno, sino en siete icebergs y cual Titanic se hundió.
Hoy la dirigencia de la Universidad lanza los salvavidas al mar del torneo, sin ninguna seguridad de que los náufragos se puedan salvar; ellos saben y lo sabemos miles, que no hay muchos Marvin Solano en el camino; ellos saben, como lo sabemos muchos, que el trabajo del técnico guillotinado fue excelente; ellos saben, como muchos y como el propio Solano, que las siete derrotas seguidas solo podían tener este desventurado final.