Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 26 Octubre, 2016

Hernán Medford es un tipo con suerte.

Lanzó una cortina de humo para tapar el fracaso del Herediano en la Liga de Campeones, que nació no con la derrota en el cierre en México, sino con la caída frente a los Tigres en el Rosabal Cordero y se inventó una conspiración digna de la CIA o la KGB cuya trama es impedir que el Team se corone bicampeón en diciembre.



Sin dar la menor pista de esa conspiración, se limitó a lanzar un grito de guerra hacia la fanaticada del campeón nacional, una de las más leales y encendidas de nuestro campeonato, exhortándolos a unirse en una batalla común contra el feroz enemigo que les va a impedir sea como sea celebrar otro gallardete al lado de San Nicolás.

“Estoy enterado de lo que nos quieren hacer; todos contra el Herediano; no quieren que seamos bicampeones; se van a mover intereses poderosos para cortar sea como sea esa conquista”.

¡Heredianos, tenemos que estar unidos contra las fuerzas del mal!

¡Y zas!

Como anillo al dedo y en el momento más oportuno, el cuerpo arbitral del juego entre Universidad y Herediano les regala un gol a los celestes en una acción fuera de lugar; ese gol significa el empate para la Academia y la pérdida de dos unidades le cuesta al Team el primer lugar del Invierno que pasa a manos del Saprissa.

¡Ni para qué!

El Pelícano monta en furia y posterior al juego retoma el libreto de la conspiración, ahora sí con prueba en mano.

¡Se lo dije; se lo dije; se lo advertí; se lo advertí!, reclamaba desaforado desde su asiento de director técnico. “Descaradamente mi equipo ha sido desalojado del primer lugar del campeonato”, gritó.

¡Qué suerte la de Hernán Medford!

¡Cómo se le montaron las cosas, qué bien se le armó el guion de su novela de ciencia ficción!

Su equipo no tuvo capacidad para liquidar un juego contra un equipo que venía en caída libre; no tuvo capacidad para liquidar un juego contra un rival diezmado por la expulsión de uno de sus jugadores; no tuvo capacidad para ponerse adelante en el marcador 3-1 o 4-1, de manera que el regalo de los jueces al rival no afectara y entonces montó en cólera.

Un gol en fuera de lugar, como miles que se anotan en todo el mundo a toda hora, le fue suficiente al emotivo entrenador para aferrarse al libreto de su nueva obra teatral. La malévola maquinaria que pretende destruir al campeón nacional empezó a carburar y su técnico nos lo notifica.