Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 23 Septiembre, 2008

NOTA TANO


Excelente la decisión de la directiva de Liga Deportiva Alajuelense de separar del equipo al salvadoreño, Eliseo Quintanilla, por indisciplina o mal comportamiento fuera de la cancha.
Así como en su momento escribimos muchas Notas criticando a la dirigencia rojinegra de ser cómplice o hacerse “la tonta” ante actos indisciplinarios, continuos, públicos y notorios de varios de sus jugadores en épocas recientes y nefastas, hoy debemos aplaudir el procedimiento correcto, ejemplar y contrario.
Aquí advertimos de la mala fama del jugador salvadoreño y no fuimos los únicos periodistas deportivos en poner la voz de alerta. Suficiente información se manejaba de los colegas de aquel país, sobre los problemas que arrastraba el buen mediocampista cuscatleco, dado su gusto por la noche y la fiesta.
Hoy, Eliseo Quintanilla ha perdido una nueva batalla, como todas las que perdió Paúl Gascoigne, todavía la semana anterior envuelto en líos de botellas y alcohol; como las perdió el astro compatriota de “Cheyo”, el “Mágico” González; como las pierde cada semana el “Burrito” Ortega; como las pierden centenares de deportistas en el mundo entero; como lamentablemente esta perdiendo la batalla Ronaldinho, reservista del Milán por presentarse tarde a los entrenamientos y fuera del Barcelona por la puerta de atrás, a pesar de su magia en la cancha.
El poder del alcohol es inmenso; es una droga muy fuerte y consumirla, para el adicto, produce obsesión.
Cuando un atleta pierde el control sobre la forma de beber licor, no hay salario millonario, premio, entrenamiento o juego decisivo e importante que lo detenga hacia el mal comportamiento,
Siendo el alcoholismo una enfermedad insidiosa, progresiva y mortal, quien la padece siempre va a ingerir licor más y más; en horas inadecuadas; en tiempos de trabajo; de entrenamiento; de prácticas e incluso a la hora de los partidos.
Al final, la enfermedad decide y entonces al deportista no le queda más que una solución: o bebe guaro, o juega al fútbol y aunque desea hacer las dos cosas sin problemas, lo vence la primera opción.
Las promesas de cambio, que aún escuchamos, incluso de futbolistas nacionales relevantes envueltos en estos problemas, se disuelven en un vaso de alcohol. Hay que buscar ayuda para la recuperación.
Pero, en fin, el propósito de este comentario es apoyar la decisión del cuerpo directriz rojinegro encabezado por Jorge Hidalgo, que actúa totalmente diferente a como lo hizo sobre todo, uno de sus más recientes antecesores, quien se hizo de la vista gorda cuando buena parte de la nómina andaba en idénticos pasos a los que marca la ruta hacia el precipicio, por los que camina el futbolista ahora separado.
Ojalá que Quintanilla recapacite sobre este nuevo trago amargo en su carrera; es talentoso; es joven y tiene el libre albedrío que Dios le dio, para cambiar el futuro de su vida.

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