Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 1 Diciembre, 2008

NOTA DE TANO


En nuestra Nota de fin de semana nos atrevimos a vaticinar la victoria de San Carlos sobre Brujas, a pesar del favoritismo general que arrastran los hechiceros en esta corta disputa, básicamente por la mejor integración de su nómina.
“Los brujos no las tienen todas consigo y en el Carlos Ugalde soportarán 90 minutos de martirio, frente a un equipo que si bien es cierto en nómina no es tan valorado como los brujos, mental y anímicamente sí es un grupo muy fuerte, como lo demostró ante Herediano. Olfateo una victoria local, hay equipo para lograrla”, dijimos antes del partido.
Dicho y hecho.
Brujas soportó un dominio martirizante y finalmente perdió el partido 2-0, resultado bien incómodo de superar en el juego de vuelta.
Acertar que un equipo gane o pierda determinado partido no es relevante; miles de veces nos hemos equivocado en el pronóstico, pero asegurar, como lo hicimos, que “Brujas soportaría 90 minutos de martirio”, tiene su mérito, máxime que escribimos la afirmación después de mirar jugar a Brujas tres o cuatro veces en el Torneo Apertura y a San Carlos solo en una oportunidad, precisamente contra los florenses.
¿Dónde se engendra nuestra seguridad de que los hechiceros soportarían un partido de infierno?
Nace de la admiración que siempre le tuve a Juan Carlos Arguedas como futbolista, uno de mis jugadores preferidos desde que irrumpió como goleador de los famosos “Carasucias” de Juan José Gámez en los años 88 y 89.
Quedé prendido del fútbol de Juan Carlos desde aquella noche mágica en Mazatenango, cuando Costa Rica goleó 3-0 a México con todo y “cachirules” (forros), para ganar el Centroamericano Juvenil.
Como seguidor de la Liga lo aplaudí como uno de los pilares del equipo y valoré su juego cuando pasó a defender los colores del Saprissa, Herediano y en el fútbol mexicano, donde en los Tecos, jamás le dieron verdadera oportunidad de mostrarse.
Un futbolista que jugó bonito, que se abrió al espectáculo, que fue arquitecto y definidor; que fue a la vez creativo y goleador, cuando prolonga su trayectoria como técnico es de suponer que su equipo será hecho a su imagen y semejanza.
Al frente de Carmelita, club de nómina modesta, Arguedas dio avisos del fútbol que practican sus dirigidos y el gran Saprissa fue una de las víctimas y no solo una vez. En Ciudad Quesada, Juan Carlos halló mejor mano de obra que la carmela y si bien es cierto, San Carlos muestra la irregularidad tan propia de la mayoría de nuestros equipos, cuando viajé al Rosabal a mirarlo en directo por primera vez, fui ilusionado en que observaría a un equipo con la mentalidad ofensiva de la que disfrutó Arguedas como jugador. Y no me equivoqué.
Contra Brujas y de anfitrión, sonaba lógico que San Carlos luciría dominante, de ahí la apreciación y posterior acierto.

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