Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 8 Agosto, 2008

NOTA DE TANO


Mis primeros cinco años de feliz sobriedad fueron precipitados, pero maravillosos.
Llegaron a mi vida abruptamente sucesos inesperados, uno tras otro, que le dieron un vuelco espectacular a mi existencia, sobre todo después del infierno que me tocó soportar entre 1980 y 1985.
Recuerdo mis artículos para el Semanario Universidad en octubre y noviembre de 2005, gracias a que mi hermano Carlos Morales me abrió las puertas.
Cómo olvidar la llamada telefónica de mi compañero de colegio y colega, Luis Cartín Jr., ofreciéndome trabajo en deportes de LA REPUBLICA, en diciembre de ese año.
Luego, el impresionante viaje a Taiwán a finales de 1986, un regalo de la dirección; de don Joaquín Vargas Gené, Yehudy Monestel, el mismo Cartín Jr., que me lo ofrecieron por cumplir mi primer año sin beber alcohol.
Regreso de Taiwán, en viaje directo a mi hogar, pues gracias a Dios recupero mi matrimonio, partido por mi alcoholismo seis años atrás.
1988 es año de Olimpiadas.
Carlos Francisco Echeverría es ministro de Cultura y Deportes; Jorge Nery Carvajal preside el Comité Olímpico; Sylvia Poll rompe marcas y se perfila como estrella de las Olimpiadas en Seúl. Se presume y se olfatea un bombazo deportivo de Costa Rica en Corea.
LA REPUBLICA decide enviarme a Seúl a dar cobertura al evento: recibo el apoyo logístico tanto del ministro Echeverría como una enorme colaboración del CON en la persona de su presidente.
En menos de dos años me enrumbaba al continente asiático por segunda ocasión… solo por dejar de beber…
¿Quién lo iba a creer?
Del caño, a Taiwán.
De las cárceles, a Seúl.
¡Bendito Dios y bendito Alcohólicos Anónimos, el maravilloso programa que me devolvió a la vida.
Hoy se inauguran los Juegos Olímpicos en China.
Hace ya muchos años, exactamente 20, estuve en la impresionante ceremonia inaugural en el Estadio Olímpico de Seúl. ¡Inolvidable!
Me dicen que esa de Seúl fue catalogada como de las tres o cuatro más espectaculares de la era moderna. La vi, la sentí, la viví.
Todavía porto en mi brazo izquierdo el reloj que compré ese día en el estadio, con el tigrito Odori adherido a las manecillas que marcan el tiempo. Guardo entre mis recuerdos la entrada y el número de la silla en el palco.
No puedo olvidar las máscaras del desfile inaugural.
Los Juegos Olímpicos son un evento que te marca; darle cobertura periodística engrandece tu carrera profesional.
Nunca, nunca tuve tantos obstáculos para cumplir con mi trabajo periodístico como en Seúl 88 y dos años después, en Italia 90.
Silvia Poll, medallista de plata, y la selección de fútbol de mi país clasificada históricamente a la segunda fase me resultaron distantes. Fui rechazado en su entorno, con razón o sin razón… ¡qué interesa o importa!
Gracias a la adversidad, crecí profesionalmente y hoy, 20 años después, lo recuerdo y valoro.

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