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En materia del rezago en infraestructura en el país, el caso de nuestras carreteras y sus puentes es realmente asombroso. Lo que sorprende es la alta capacidad de los gobiernos para no utilizar dinero disponible para eso


Nos atropelló la incapacidad de gestionar

Los habitantes de Costa Rica en general sufren cotidianamente el enorme rezago en que nos sumieron los gobiernos en materia de infraestructura.
Pero el caso de nuestras carreteras y sus puentes es realmente asombroso. Lo que sorprende es más bien la alta capacidad de los gobiernos para no utilizar dinero disponible para eso.
Esperemos que el nuevo gobierno, aun sin ser responsable de la situación, logre desentrañar esa extraña madeja de cosas que ha venido haciendo que las obras no puedan realizarse a pesar de contar con el dinero necesario y, en algunos casos, de estar a punto de expirar el plazo de uso.
A propósito de fondos para obra pública, una nota de este medio ayer nos refresca el Acuerdo de Yucatán, que a pesar de existir desde 2011, recién en 2013 se hicieron las gestiones por parte del Gobierno de Costa Rica para obtener dinero para el puente binacional sobre el río Sixaola, frontera con Panamá.
Esto fue durante una visita del entonces presidente de México a Costa Rica. Pero luego transcurrió un año más sin que el asunto avanzara, por lo que aún no hay puente.
No sabemos si la visita que el presidente Solís hizo ayer a Panamá haya podido incluir, en la apretada agenda de un día, el tema de ese puente.
Lo que sí sabemos es que los dineros del Acuerdo de Yucatán, un fondo de cooperación otorgado por el gobierno de México para proyectos de infraestructura regional, se están desperdiciando por parte de nuestro país y ni siquiera sabemos por qué.
Todo pareciera haber sido víctima de la misma suerte en materia de carreteras.
Desde 2008 el país cuenta con un riguroso estudio hecho por una agencia japonesa sobre la condición de nuestros puentes. Sin embargo, lo único que se hizo durante años, fue gastar dinero público en más estudios. Solo se inició alguna obra en algunos de ellos. La mayoría sigue igual, en su situación de peligro de colapsar.
Ha sido mucho el daño hecho al país en general y al sector productivo en particular con este estilo de gestión.
Mientras tanto, algunos países de la región a los que en otras épocas aventajábamos por mucho, hacen cola apresuradamente ahora para obtener parte de esos fondos del Acuerdo de Yucatán.
Tenemos que avanzar, y por eso, como lo decíamos al inicio, quizás una de las buenas obras que podría hacer el actual gobierno es lograr modificaciones en la forma de gestionar a lo interno de nuestras instituciones, a fin de que superemos esos grandes escollos.
Si esto sucediera, es muy probable que comencemos a ver obra pública en vez de únicamente hablar sobre ella.
 

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