Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 30 Agosto, 2012


VERICUETOS
Nobleza obliga


Tengo la impresión de que los costarricenses no hemos valorado, en el advenimiento del 25 aniversario del Pacto de Esquipulas, el carácter profundamente transformador que este acuerdo tuvo para nuestra nación, ni hemos sido justos en reconocer a sus artífices la dimensión de su epopeya de paz.
Es muy probable que las nuevas generaciones desconozcan que la gesta que en 1987 emprendió en solitario el mismo atrevido joven que había confrontado a la nomenclatura de su partido haciéndose primero con la candidatura y luego con la Presidencia de la República, marco el punto de inflexión más importante en nuestra historia reciente.

Los acuerdos de Paz promovidos por el Presidente Arias pusieron a Centroamérica en el mapa global, representaron un profundo cambio en la vida y en las expectativas de futuro de millones de habitantes y significaron para Costa Rica la visibilidad en la vitrina mundial.
Veinticinco años después abrigo la sensación de que no estamos apreciando el legado de los acuerdos de Esquipulas, no solo en su dimensión pacificadora, sino en su efecto inmediato también como potenciador de nuestra economía desde la perspectiva de la industria turística y sus actividades complementarias y del crecimiento exponencial de la inversión extranjera, fenómeno del que hemos disfrutado durante este cuarto de siglo.
Oscar Arias se enfrentó al inmenso poder del Presidente Reagan, el mandatario más poderoso del planeta, cuestionó su política regional, dejó esperando en antesala a su enviado especial, el director de la CIA, reclamó al Congreso norteamericano suspender la ayuda a los contras e hizo deponer la actitud guerrerista de tirios y troyanos. Y lo logró. El New York Times le atribuye haber alterado la forma como en el mundo e incluso en el propio establishment americano se juzga ahora la política de Estados Unidos.
Fue sin duda su terca convicción de que los centroamericanos merecíamos un destino diferente lo que persuadió a cada una de las partes cuyo concurso era indispensable para acabar con la guerra.
En nueve meses Arias visitó cinco veces a Reagan para convencerlos a él y a su estamento de que la paz era posible y necesaria. Ningún otro gobernante en el mundo ha visitado tantas veces en tan poco tiempo la Casa Blanca.
El 22 de agosto pasado el Washington Post reconoció que el Presidente Arias “…se convirtió en un fenómeno internacional logrando un acuerdo imposible, uniendo a los presidentes… en un acuerdo de paz que representó el fin de las guerras civiles que estaban destruyendo la región”.
El pasado sábado Oscar Arias fue ovacionado por más de 3 mil asistentes al acto de graduación de la Universidad de Walden en Minnesota donde recibió otro Doctorado Honoris Causa. El 71 en su carrera.
Cuenta el Post que un cable de la diplomacia norteamericana de entonces rezaba: “Adviertan a Ollie (Oliver North) que Pres. Arias asistirá a la Cena con Reagan en Nueva York el 22 de Septiembre. El “boy” necesita ser enderezado por heavy weights”.
Y los “pesos pesados”, por suerte y para orgullo nuestro, no pudieron enderezar al “boy”.

Tomás Nassar