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Jueves 14 Noviembre, 2013

Enterémonos de qué pasa en la vida de nuestros hijos, acompañémoslos mostrándoles que hay un tiempo para todo... Esa guía, estimables lectores: se traza con límites. Sin límites, esta guerra no vamos a ganarla


No es chiva drogarse

Hay noticias que ya no sorprenden tanto. Ayer, se supo que cuatro colegiales que iban a su paseo de fin de año, llevaban droga para “amenizar” su celebración de fin del curso lectivo.
Probablemente estos cuatro estudiantes no iban a ser los únicos en consumir. Es válido preguntarse: de estos cien menores que iban en los dos buses, ¿cuántos no estaban enterados de esta situación? ¿Cuántos realmente no iban a usar drogas en este paseo?
¿Por qué la tentación de las drogas se ha hecho tan incontrolable? ¿Por qué la mayoría de principiantes coinciden en que el alcohol y el cigarrillo (que son los típicos productos de iniciación) son feos/desagradables y aun así caen en las garras de estos vicios y hasta se dejan absorber por otras drogas?
Le apunto a dos razones en las bases de estos problemas.
La primera, la necesidad de encajar en lo que es “chiva”.
La sociedad ha fallado en su permisibilidad de lo que puede trascender como “chiva” y lo que no puede ni debe aceptarse como tal.
Los pueblos deben volver a sus raíces y poner nuevamente de moda las actividades sanas; en su lugar, le reímos a un preadolescente que se ha “metido a grande”, que con escasos 13 años ya quiera ir a un bar y como no lo dejan entrar entonces lo consolamos con dejarlo ir a la cantina del pueblo o que hagan fiestas en casas sin cercana supervisión de adultos.
Ahora es “chiva” que los muchachos se queden en una esquina del colegio o del parque y nadie tenga idea de qué está pasando ahí... ya esto no sorprende a nadie, es el nuevo escenario natural. Ser el mejor de la clase no está de moda, drogarse sí.
La aceptabilidad de esos comportamientos provoca que los jóvenes necesiten encajar en estos nuevos escenarios “chivas” a costa de todo.
Nadie cae en vicios por una sola “probada”; pero con una sola probada tampoco va a lograr encajar en estos círculos. No hemos logrado trazar la ruta a las nuevas generaciones; hemos permitido que definan a las drogas como su nuevo estandarte y que se tache de perdedor al que no caiga en su tentación.
La segunda, no les ponemos límites a nuestros jóvenes.
Hasta cierto punto creo que tememos que nos etiqueten de adultos anticuados. Un adulto responsable debe tratar de entender la actualidad en la que viven nuestros muchachos, pero no para convertirnos en uno de ellos, sino para ayudarles a subsanar sus vacíos... la autoestima y la identidad de la juventud costarricense no pueden ni deben depender de encajar en grupos que necesiten de las drogas para bailar en una fiesta o divertirse en una playa. Enterémonos de qué está pasando en la vida de nuestros hijos, acompañémoslos en el desarrollo de su historia mostrándoles que hay un tiempo para todo... esa guía estimables lectores: se traza con límites. Sin límites, esta guerra no vamos a lograr ganarla.

Alejandra Esquivel G.

Gerente GEFISA
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