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Martes 4 Noviembre, 2014

Me fue difícil creer hasta dónde la envidia del éxito ajeno puede conducir a crear tantas falsedades


No deje que se le envenene el alma

En días recientes, un amigo me mostró un libro que expresa varias falsedades en relación conmigo, producto, sin duda, de las amarguras y frustraciones, de quien lo escribe, el señor Rolando Araya Monge, una persona que ha vivido y vive en la política, a pesar de que el pueblo costarricense sabiamente no apoyó sus aspiraciones presidenciales en las ocasiones en las que intentó llegar al poder.
Dice que yo solicité una reunión en su casa, con don Luis Alberto Cordero y con don Carlos Manuel Castillo, en aquellos años en los cuales él competía con don Carlos Manuel por la candidatura del Partido Liberación Nacional y que esa reunión se efectuó.
Pero no fue así. La reunión y los temas supuestamente tratados en ella son producto de las fantasías del autor del libro. Don Luis Alberto Cordero podrá corroborarlo. Si don Carlos Manuel estuviera aún con nosotros lo haría con su caballerosidad de siempre y con su corrección y apego a la verdad.
Debo dejar algo en claro: nunca he llamado a este señor, ni conozco su casa, ni jamás he participado en una reunión como la que falsamente describe.
Intento comprender qué mueve a este personaje a mentir de esa manera. Solo puedo imaginar que todo eso ha de surgir de un odio que viene de lejos, hacia quienes tuvimos la responsabilidad de dirigir la exitosa campaña que culminó en la elección presidencial de 1994.
Me fue difícil creer hasta dónde la envidia del éxito ajeno puede conducir a crear tantas falsedades. Y lo entiendo así, dado que, no solo inventa los hechos, sino que ataca con más insultos y falsedades a un grupo de distinguidos profesionales que participó de esa gesta. Ese autor quedó en la convención en cuarto lugar, con menos de un 5% del voto liberacionista y esto es, posiblemente, lo que nos reprocha.
He participado muy activamente en algunas de las precampañas y campañas de Liberación: en las que corresponden a la elección de 1986, cuando ganó don Óscar Arias, a la de 1994, cuando ganó don José María Figueres, y a la de 2010, cuando ganó doña Laura Chinchilla.
En todas esas ocasiones, en cuanto estuvo a mi alcance, procuré fortalecer la organización territorial, con amplia participación de voluntariado —incluido el mío— y promover ideales y propuestas altamente socialdemócratas.
En todas esas ocasiones, también el partido quedó con fondos disponibles para desplegar su actividad hasta la siguiente campaña. No fue este el caso, cuando este señor fue candidato, pues el Partido Liberación Nacional quedó prácticamente insolvente.
Hoy me viene a la memoria una frase que don Carlos Manuel Castillo repetía a sus amigos y partidarios políticos, “Doctorcito no deje que la política le envenene el alma”. Le recomiendo al autor del libro reflexionar al respecto.

Carlos Espinach Phillips