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La evasión fiscal, el inadecuado gasto y la falta de controles sobre los procesos de la administración, provocan desconfianza e indisposición ante la idea de más impuestos

No apoyan nuevos impuestos

Una buena parte de los empresarios está en contra de la creación de nuevos tributos. Lo que ellos combaten, principalmente, es el Impuesto al Valor Agregado (IVA). Sin embargo, este es el eje central del proyecto del gobierno.
Son muchas las argumentaciones que han expuesto a este medio las principales cámaras y asociaciones empresariales, ante el Plan Fiscal pactado entre la administración de Laura Chinchilla y el Partido Acción Ciudadana.
Entre ellos, alegan falta de sustento técnico o estudios de mercado, el que el IVA afectaría en mayor medida a quienes tienen menores ingresos y a la clase media, que sería una mala señal hacia la inversión extranjera, que afectaría negativamente a la industria turística y al emergente sector de tecnología.
Pero a todos estos razonamientos de representantes del sector productivo, se debe agregar, sin duda, el hecho de que los costarricenses en general no confían en el buen uso que las administraciones han venido dando a los recursos públicos.
Pensamos que serían diferentes la actitud y disposición para el sacrificio económico de los contribuyentes si el uso de sus tributos se tradujera en visible mejora de su calidad de vida en general de las condiciones del país y si se notaran austeridad, acierto y transparencia en el manejo de los recursos.
Lamentablemente, se debe reconocer que lo anterior no es lo que ha caracterizado a los gobiernos y que, por el contrario, son permanentes las denuncias que la prensa se ve obligada a hacer por problemas de inadecuada administración. No faltan los procesos de concesiones o contrataciones mal llevados y los errores que significan despilfarro de recursos económicos.
Se da una cadena interminable de situaciones que ponen en evidencia continuamente la falta de adecuada dirección, supervisión y control sobre los procesos de la administración pública que, de realizarse, redundarían en eficiencia y reducción del gasto.
A todo esto hay que agregar que es muy reciente la señal de que se intenta hacer algo por cobrar bien los impuestos existentes. La evasión ha sido la constante por mucho tiempo sin que los gobiernos hicieran nada al respecto.
A pesar de lo anterior, hasta el momento estos han permanecido ajenos a la necesidad de encarar con firmeza la profesionalización del Estado, el control sobre los procesos y con ello el freno al gasto injustificado. Esta deuda con los costarricenses actúa en contra de cualquier intento de cargarlos con mayores tributos.



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