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Hemos creado un entorno donde se desarrollan nuestros niños y adolescentes, en el que conductas inaceptables son muchas veces no solo aceptadas sino aplaudidas

No aplaudamos conductas indebidas

No podemos seguir analizando el tema que este medio tituló en una publicación del viernes anterior “Guerra en las carreteras”, sin aceptar que tenemos, como sociedad, un problema de educación y cultura que está en la base de muchos otros problemas que buscamos solucionar ignorando esa realidad.
Como conglomerado humano estamos perdiendo, entre otros valores, la capacidad de divertirnos sin tener que alterar primero el cerebro con alcohol o con drogas.
Pareciera que no nos damos cuenta de que quien necesita alcoholizarse o drogarse para escapar por un rato de su realidad es porque ya perdió, como ser humano, la capacidad innata de ser feliz con su cerebro en condición normal, sin alteraciones artificiales.
“La irresponsabilidad de los choferes que se pasan de tragos es una especie de arma cargada con la que pueden hacer daño a terceros o a sí mismos”, dice la nota mencionada.
Por otra parte, hay imprudencias tanto en choferes como en peatones que se suman al problema del consumo de alcohol ya que ambos en muchos casos, aun sobrios, irrespetan las señales y el orden establecido, ya sea para incurrir en exceso de velocidad o cometer otras infracciones. Esto también es un problema de educación, que no podremos resolver sin tratarlo como tal.
Hemos creado un entorno donde se desarrollan nuestros niños y adolescentes, en el que conductas inaceptables son muchas veces no solo aceptadas sino aplaudidas. Esto produce una confusión tal en quienes se están formando que puede convertirlos casi en “daltónicos” de los verdaderos valores, haciéndolos ver virtud donde solo hay indecencia, imprudencia y corrupción.
Esta sociedad alterada debe sanarse mediante la educación, capaz de producir la transformación que se necesita y por medio de un acceso universal a la salud, que incluya la salud mental.
Esta no es una tarea fácil, que en corto tiempo signifique “inaugurar algo o cortar cintas”, pero es la gran tarea, la obra trascendente, la que necesita Costa Rica para caminar serena y saludable, feliz y exitosa por el siglo XXI. Y no podrá sentirse libre de culpa quien irresponsablemente ignore esa obra o la posponga porque está poniendo en grave peligro lo que somos y aspiramos a seguir siendo.
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