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Es imperativo conocer las acciones diseñadas para alcanzar la carbono neutralidad y tener un claro rendimiento de cuentas sobre el cumplimiento de objetivos

No a la demagogia

La idea de que Costa Rica llegara a alcanzar en una fecha fija la condición de carbono neutralidad, es algo que entusiasmó a muchos habitantes de esta tierra, poseedores como son en general de un fuerte sentimiento de amor a la naturaleza.
Pero haber lanzado campanas al viento en ese aspecto es algo que solo tiene sentido y reviste la seriedad que amerita el tema si se hubiera trazado un plan de acción y se estuvieran cumpliendo rigurosamente sus objetivos con un calendario comprobable.
De no ser así, el tema encierra el peligro de convertirse en una demagogia, útil en los tiempos de campaña electoral y en general para obtener dividendos políticos, pero no como algo moviéndose a la altura que la carbono neutralidad merece.
Los costarricenses no deben ser engañados en ese sentido. Sería una burla que dejaría una fuerte decepción al interior del país y nos exhibiría como inmaduros, poco serios e irresponsables en el exterior.
Por todo ello es imperativo conocer, paso a paso, las acciones que se han diseñado para alcanzar la carbono neutralidad y tener un rendimiento de cuentas muy claro sobre el cumplimiento de cada uno de los objetivos.
Una vez detectadas las principales causas de contaminación que debemos eliminar para alcanzar esa meta anunciada, debemos reconocer las estrategias que se siguen para lograr el éxito en ese propósito que tanto nos entusiasma.
Es de la mayor trascendencia alejarse de cualquier tentación de uso con fines político electorales del tema de la carbono neutralidad. El mundo mira hacia Costa Rica desde hace rato para ver qué hacemos en ese sentido y debemos demostrárselo con total transparencia.
Aquello que aún no hemos iniciado dentro del plan para llegar a ser un país carbono neutral, debe ser una prioridad que emprendamos sin temor, sabedores de que es un paso más, firme y seguro hacia esa meta que tanto hemos anunciado y queremos.
Pero si estamos fallando, es un deber ineludible admitirlo porque solo cuando se admiten los errores se está en posición de iniciar el camino de corregirlos. Lo contrario, sería entrar en la demagogia.


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