Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 29 Mayo, 2008

De cal y de arena
Nitrofoska electoral

Alvaro Madrigal


Tierras aptas y en suficiente cantidad, experiencia sobrada, mercados ávidos por el producto y una estructura empresarial vigorosa y deseosa. Lo que faltaba a este contexto —decisión política y soporte financiero— lo aportó ese visionario estadista que fue el presidente Daniel Oduber quien hizo el disparo de salida para convertir este país en una potencia bananera. Ni improvisación ni pócima de laboratorio. El Plan de Fomento Bananero fue debidamente madurado y a su ejecución concurrió una heterogénea masa de empresarios, extranjeros unos y nacionales los más. Unos fracasaron. Los otros situaron las exportaciones bananeras costarricenses encima de los 100 millones de cajas al año, con niveles de productividad envidiablemente altos.

Hoy, cuando los precios de los combustibles y de los alimentos se disparan y amenazan con frustrar todas las proyecciones de crecimiento económico y de contención de la pobreza, la administración Arias anuncia programas de emergencia para asegurar el abastecimiento interno de granos y amortiguar el impacto del alza del petróleo. El contexto en que aparecen, empero, es adverso y diferente al de los años 70 por cuanto el país al abrazar con vocación suicida los postulados neoliberales, desmanteló el aparato productivo en el agro, el andamiaje institucional (Ministerio de Agricultura y Ganadería y Consejo Nacional de Producción) y los servicios de investigación y extensión agrícola. Se abandonó el agro. Se fomentó la emigración a otras actividades con el argumento de que allí se generaría la riqueza necesaria para importar los bienes en cuya producción no éramos eficientes. Se esfumaron los apoyos y estímulos. Así, la producción de arroz y frijoles se vino al suelo y la de maíz desapareció aunque reverdecieron dominantes y pujantes la caña de azúcar, las oleaginosas y la piña. Fue carta común la desaparición de la pequeña propiedad para ir a sumar área a la grande.

Hoy el presidente Arias vuelca el crédito de su gobierno hacia la reactivación de los granos para aliviar la previsible carestía interna y externa y a la producción de más caña y más oleaginosas para disponer de etanol y biodiésel como alternativas energéticas, con una expansión de 9.000 Ha. en arroz, 5.000 Ha. en frijoles, 5.000 en maíz, 16.000 en caña y 22.000 en oleaginosas. Pero... ¿están disponibles, conforman unidades mecanizables o hacen, más bien, una colcha de retazos? Disminuido el aparato productivo y sus soportes técnicos, reducida la frontera de tierras con vocación agrícola y con el reloj corriendo en desventaja suya, ¿qué resultados podrá exhibir el gobierno en mayo de 2010? Granos y aceites caros en el mercado mundial, ¿resistirá el agricultor tico la tentación de exportarlos? De repente, lo grueso del programa quedará en lo que anunció un titular de LA REPUBLICA: “plan de alimentos es más social que agrícola”. Por algo el plan sí que lleva remarcada una motivación política al proveer notorias y notables, directas y sonantes piastras a los programas de ayuda a estudiantes, ancianos y desocupados.... y algo para el gallo pinto. Buen resultado, aunque sea ¡pura nitrofoska electoral!