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Jueves 11 Octubre, 2012

Ningún doctor atiende a tiempo

Luego de tan lapidaria frase, pensé en decirle a la recepcionista que mal de muchos es consuelo de tontos, pero las palabras se me trabaron en la garganta mientras intentaba recordar alguna experiencia con un médico que sí me hubiera atendido según lo programado.
“Y bien ¿a qué hora quiere la cita?” repitió ella. Pero realmente no importaba a qué hora la quisiera yo, la pregunta correcta sería “¿desde qué hora quiere sentarse a esperar?”.
Manifesté mi inconformidad porque, en repetidas ocasiones, el ilustre galeno me había dejado esperando por más de hora y media. Pero su recepcionista juzgaba como una tontería esperar puntualidad de parte de un médico.
Recordé que el aprendizaje de este particular comportamiento lo inicié en la benemérita CCSS; cuando era niño, mi madre me explicaba que al pedir cita a las 7 a.m., el doctor nos atendería entre los primeros, a eso de las nueve. ¿Será que la hora tica la forjamos en los pasillos de nuestras clínicas y hospitales?
Hay sabidas ventajas de la medicina privada sobre la pública, pero la puntualidad de los médicos no es una de ellas. No importa cuánto se pague, el tiempo del paciente —igual da si está muriendo en la sala de espera—, jamás parece tan valioso como el de la persona que va a atenderlo.
¿Será tan difícil espaciar un poco más las citas, si el retraso es la constante? ¿O será que no les importa porque efectivamente no es viable encontrar un consultorio donde no hagan esperar indefinidamente?
“Vale más la calidad de la atención que el tiempo en la antesala”, se dice uno mismo tratando de consolarse, pero sin duda las horas de espera nunca son tiempo de calidad. Una cosa no justifica la otra. Bien es sabido que tener muchos conocimientos y respetar a las demás personas no son cosas que van siempre de la mano.
¿Mal de médicos? No, mal de todos. Porque igualmente hacemos caso omiso del horario de recolección de basura, del inicio de los actos culturales, de la hora en que dijimos tendríamos el trabajo listo… de lo que sea.
El tiempo es una invención humana, hecha —pareciera— para jodernos los unos a los otros. Porque al médico que me dejó esperando horas y horas en el consultorio le tocará armarse de paciencia y reclamar, también, en otros escenarios. Podría ser distinto, sin duda, pero no queremos.

Rafael León Hernández