Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 4 Mayo, 2016

 Para un pueblo que se enorgullece de no poseer ejército, tener un vecino que decidió adquirir tanques provoca una sensación de inquietud

Nicaragua se arma

El Gobierno de Nicaragua anunció que ha comprado 50 tanques T72 de Rusia y que los primeros serán entregados a finales de este año; supuestamente cuestan $1,8 millones cada uno, unos $90 millones para todos.
No hay duda que el Gobierno del país vecino es soberano y puede invertir en cualquier cosa que considere importante para su bienestar. Pero sí cabe la pregunta de parte de sus vecinos, Costa Rica, Honduras y El Salvador, ¿contra cuál se está defendiendo con tanques que solo sirven para guerras de gran envergadura? Con su capacidad de viajar 460 kilómetros sin reabastecerse de combustible, pueden llegar a la capital de cualquiera de sus vecinos sin mayor problema.


La inversión en los tanques no servirá para crear fuentes de empleo en Nicaragua; solo necesita tres efectivos para operar cada uno. Seguirán llegando a Costa Rica los miles que urgentemente necesitan empleo para mantener a sus familias. Tampoco sirven estos aparatos en la guerra contra el narcotráfico; el Gran Canal no se está construyendo y entonces no requiere una defensa sobresaliente.
Fabulosos son los tanques para los desfiles, aunque las orugas podrían causar daño al pavimento; es más recomendable transportarlos en camiones de plataforma. Es posible imaginar ese brillante desfile pasando por la Rotonda del Guegüense con rumbo al Estadio Dennis Martínez; banderas, uniformes llenos de medallas, música marcial y patriótica, grupos de jóvenes repitiendo el refrán “pueblo unido, jamás será vencido,” banderas nacionales y también del FSLN, y miles de empleados públicos vitoreando al Gobierno. Y después vendrían los tanques, quizás cada uno con un mayor haciendo un saludo al pueblo desde la torreta. ¡Glorioso!
Es interesante notar que los tanques no sirven para suprimir a una guerrilla; Anastasio Somoza descubrió esto en 1979 cuando luchó contra el grupo que ahora gobierna el país.
Estos T72 son de diseño de 1970 y, entonces, es probable que sean obsoletos; lo más posible es que los rusos los vendieran con un superdescuento y a plazos. Quizás parte del costo ha venido de las ventas del petróleo que ofrece Venezuela a sus “hermanos” en Nicaragua a mitad de precio. Pero los repuestos, las municiones, los salarios de los militares que los mantienen y operan serán costeados por el Gobierno en Managua. Tendrá que haber operaciones de prueba donde los artilleros dentro del tanque tiran a edificios y estos tienen su costo. Es posible imaginar los aplausos cuando el mayor grite al artillero “compañero, demoliste completamente el rancho”. Quizás se puedan realizar estas pruebas cerca de la frontera sur para que “los ticos pueden oír el poder que tenemos”.
El problema es que no resulta cómico un tanque; es una máquina diseñada para destruir todo lo que se pone en frente; edificios, vehículos y sobre todo, seres humanos. Para un pueblo que se enorgullece en no poseer ejército, tener un vecino que decidió adquirir tanques provoca una sensación de inquietud. ¿Será cierto que quieren “tomar Guanacaste” a la fuerza?

Carlos Denton

 

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