Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 19 Mayo, 2010


Nicaragua, elecciones 2011

A finales del año entrante los adultos nicaragüenses de 16 años y más de edad irán a las urnas para elegir un gobierno nuevo. La Constitución Política expresamente dice que no hay reelección inmediata, pero esto no ha detenido a Daniel Ortega que ha intentado modificar la Carta Magna a través de una Corte Suprema poblada por seguidores del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
Todavía no se sabe si él será candidato, pero está haciendo todo lo posible para dar legitimidad a lo que sería hasta cierto punto una repetición de lo que ocurrió en 1989.
Un gobernante impopular, pero apoyado por un grupo ideológico y compacto, hará lo posible para seguir en el poder por cinco años más. Aproximadamente un 37% de los nicaragüenses apoya al FSLN; a veces han logrado un poco más del 40% en las elecciones, pero la verdad es que si la oposición va unida a las mesas de votación, no pueden ganar Ortega ni el Frente.
Y es en ese sentido donde estriba la diferencia entre la situación de hace 21 años y la de ahora. En aquel entonces toda la oposición al sandinismo se unió para apoyar a Violeta de Chamorro como candidata. Ahora hay dos bandos que no se reconcilian ambos con la convicción de que ellos son los que pueden ganar.
Uno de esos bandos apoya al ex presidente Arnoldo Alemán, que constitucionalmente puede postularse, ya que han pasado dos periodos presidenciales desde que él ocupó el poder. Y, legalmente, puede Alemán aspirar al puesto porque los tribunales dominados por los sandinistas lo han absuelto de los cargos que le causaron tantos problemas legales.
El otro bando es liderado por Eduardo Montealegre, ex candidato perdedor en la elección de 2006, y organizado ahora en un movimiento que se llama “Vamos con Eduardo.” Hasta el momento no ha habido manera de que estos dos grupos se pongan de acuerdo.
Más de un analista ha dicho que realmente no importa si se unen o no los de la oposición al sandinismo, porque habrá fraude en el proceso que servirá para garantizar el éxito de Ortega en su intento de mantenerse en el poder. ¡No es cierto! Un fraude es posible cuando las diferencias entre los distintos grupos que se postulan son pequeñas; mover unos tres a cinco puntos en una dirección u otra es posible usando tácticas de acoso en las urnas y en la manipulación de las actas de una buena cantidad de mesas. Pero si llega una oposición unida a la elección, y gana el 60% de los votos populares contra un 40% de los sandinistas, ya no sería posible revertir los resultados con un fraude.
Pero también sería importante que los gobernantes centroamericanos, incluyendo la presidenta Laura Chinchilla, le digan a Daniel Ortega que no sería aceptable para ellos que hubiese una manipulación burda de la voluntad popular del pueblo nicaragüense. Ortega no reconoce al gobierno nuevo hondureño por las dudas que él dice tener sobre el proceso electoral llevado a cabo en ese país en noviembre del año pasado. Tendrá que entender entonces que sí él comete fraude, podría terminar en la misma posición en que actualmente se encuentra Honduras con acceso limitado a créditos y donaciones internacionales.

Carlos Denton
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