Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 8 Septiembre, 2011


De cal y de arena
Ni plagiario ni tránsfuga

Sí, don Mario Echandi fue electo diputado a la Asamblea Legislativa por un partido “superminoritario” y por subcociente. No tardó mucho en destacarse como inteligente, hábil, estudioso, valiente parlamentario capaz de salir al paso del autoritarismo y desplantes políticos de un Poder Ejecutivo que manejaba a su antojo a una bancada de dos tercios del total del Parlamento.
Quienes creyeron que sería un diputado sin pena ni gloria se equivocaron. Su indisputado liderazgo lo puso a la cabeza de una oposición, clara y firme en las metas trazadas para rescatar al país de la arbitrariedad. Tras la invasión de 1955 y por una pasión visceral que incluso alimentaba el extremismo de su eliminación física, Echandi fue acusado de traición a la patria y por poco linchado en las calles.
Insostenible el expediente al que no se apersonó por estimarlo una patraña, la declaratoria de traidor fue revocada también con votos del mismo grupo que la había prohijado. En ese clima de odios y envidias no era de extrañar que se intentara desconocer su triunfo electoral y que quienes querían gobernar desde la Asamblea haciendo mangas y capirotes con el presupuesto, restringieran sus gastos de representación y lo obligaran a declarar a la Contraloría hasta la pasta dental consumida. Poco a poco fue cayendo semejante irracionalidad, convencidas las cabezas sensatas de que el Presidente era un hombre de ley e inexpugnable honradez.
Don Mario ganó con el voto de un amplio manojo de fuerzas políticas. Significativamente, con el del Presidente Calderón Guardia y su partido. También el de buena parte de la dirigencia de Vanguardia Popular. Nunca por obra de un toma y daca de posiciones y de concepciones de cómo debe ser el Estado y cómo debe hacerse gobierno.
No renunció a sus convicciones ni osó vestirse con ropas ajenas. Nadie puede decir que alardeó de ser socialcristiano o socialdemócrata ni que le escuchó atribuirse la paternidad ajena de una ley o una institución.
Si tuvo que objetar un proyecto, lealmente lo hizo. Ahí están los 80 vetos que firmó y que solo en ocho casos fueron anulados vía resello legislativo. En 22 proyectos de ley la Cámara acogió la razón presidencial; en otros 42 la Comisión de estudio del veto desistió de dictaminar; y en los demás la Corte Suprema de Justicia declaró su inconstitucionalidad.
Incluso en algo tan relevante como la ley 2412 (aguinaldo) don Mario no se opuso; solo propuso una aplicación distinta y la formación de un seguro de desempleo.
La Asamblea acogió las razones de inconveniencia que consignó su veto a la Ley de Tierras y Colonias y la Corte Plena desestimó la inconstitucionalidad del mecanismo de pago de las expropiaciones. Y en cuanto a la ley reguladora de las relaciones entre productores, beneficiadores y exportadores de café, los reparos del Presidente fueron acogidos luego en una ley complementaria.
Hace pocos días don Luis A. Monge el diputado proponente de estas históricas y trascendentales leyes nos comentaba en una reunión de amigos estos detalles y con la hidalguía que le caracteriza, recordaba los aportes de Echandi.
Don Mario me dijo don Manuel Mora en una entrevista era conservador mas no reaccionario. Así, ni respaldó a los capitalistas que le pidieron a don José Figueres la derogatoria de la Reforma Social ni combatió los planteamientos socialdemócratas, como sí las arremetidas contra la ley y la moral que brotaban en Liberación.
Lo que hicieron unos renegados compartir el gobierno con los neoliberales que desguazaron el Estado Social de Derecho él no lo hizo. Fue un hombre “de centro”, amante de la justicia, incondicional ante la ley y con una férrea vocación ética.
En la hora crucial de unir a la familia costarricense, cerró el paso a la pasión, la mezquindad, el odio. Por eso él sí logró los máximos galardones que da la Nación: la Presidencia de la República y el Benemeritazgo.

Alvaro Madrigal