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Lunes 1 Septiembre, 2008

Nelson Rolihlahla Mandela


Ese es su verdadero nombre, hace poco cumplió 90 años y el mundo lo celebra. Lúcido y con un espíritu que irradia armonía, a pesar de arrastrar tras de sí una vida plena de luchas, prisión, sufrimientos y éxitos que lo colocan, sin duda alguna, al lado del Mahatma Gandhi, de Martin Luther King, de la Madre Teresa, de Juan Pablo Segundo e infinidad de otros muchos, igualmente grandes luchadores, hombres y mujeres nacidos en el siglo XX y finales del XIX, que muestran con sus ejemplares vidas, la parte más humana de la conflictiva y belicosa historia del siglo XX.
Nelson Mandela nació en 1918 en la localidad de Umtata en el Transkei sudafricano, en el seno de una familia real, con derecho hereditario para ser el jefe de una tribu Xosa, honor al cual renunció. Estudió y se hizo abogado; posteriormente, impulsado por las injusticias contra su pueblo, ingresó en 1944 al Congreso Nacional Africano (CNA), organización que fundamentaba su ideología en un socialismo de carácter nacionalista y que luchaba por los derechos de los negros sudafricanos.
Las cosas se complicaron para Sudáfrica en 1948 cuando llegó al poder el Partido Nacional e instauró el régimen del apartheid, cuyo objetivo creciente fue separar a la gente según su origen racial entre blancos, negros, mestizos y establecer así una pirámide en cuya cumbre, una minoría blanca, dominaba la vida económica, política y social del país.
Sin duda alguna el fin de la Guerra Fría precipitó la caída del oprobioso sistema instaurado casi 50 años atrás. Contribuyeron también la fuerte presión internacional, las sanciones económicas contra Sudáfrica y la llegada al poder del presidente Frédérik de Klerk en febrero de 1990, cuando anunció el inicio de un proceso que sería irreversible y que consistía en la eliminación de todas las leyes que sustentaban el apartheid.
Además, levantó todas las prohibiciones contra los partidos políticos que habían sido proscritos, entre ellos el más combativo, el Congreso Nacional Africano, que había entrado en la clandestinidad desde 30 años antes.
Luego de muchas décadas de sufrimiento y opresión, este sanguinario e inhumano régimen culminó con la liberación, en 1990, del prisionero número 46664, Nelson Mandela, quien durante 27 largos años permaneció aislado del mundo en una cárcel y en condiciones deplorables. Nelson Mandela sucedió en el poder al presidente Frédérik de Klerk, gracias a que en abril de 1994, los negros sudafricanos, por primera vez en su historia, pudieron participar en elecciones libres e instalar en la presidencia al líder indiscutible del Congreso Nacional Africano quien logra que Sudáfrica pase por el difícil camino de la transición, con seguridad y sin ánimos de venganza.
Estos primeros comicios libres y universales marcaron el nacimiento de la democracia en un país donde la injusticia, la violencia y la persecución racial habían escrito durante muchos años el código que definía todas las relaciones entre los seres humanos.
Al celebrar con alegría y satisfacción el nonagésimo aniversario del nacimiento de este insigne hombre, luchador, mártir, político y premio Nobel de la Paz, ciertamente podemos resumir, sin temor a equivocarnos, que Nelson Mandela es la personificación de la dignidad humana.

Johnny Sáurez Sandí