Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 11 Julio, 2018

¿Negociar con los que bloquean calles?

La semana pasada el Presidente negoció con los taxistas; la prensa reporta que aceptó las demandas de los que bloquearon calles por dos días y prometió reforzar medidas en contra de Uber. ¿Será esto un presagio de lo que vendrá en el futuro?

Si los taxistas prevalecen con estas tácticas podemos esperar medidas similares de los empleados públicos, los transportistas de carga, y, por supuesto, los rectores y los estudiantes de universidades estatales. Todos, igual que los taxistas, exigen un trato especial para su gente y estarán dispuestos a quitar el derecho constitucional de todo habitante de circular libremente por el territorio nacional para presionar al gobierno.

Suprimir a Uber en un país con una recesión económica fuerte y una tasa de desempleo en doble dígito es una decisión que requiere una recapacitación de parte del primer mandatario. Solo Uber conoce los números exactos, pero algunos hablan de más de 18 mil personas registradas como conductores de esta empresa. Hay otros 5 mil motociclistas que ahora trabajan por Uber Eats. Perseguir, quitar autos, castigar y en general maltratar a tantos es algo que el pueblo seguramente va a resentir.

En contraste a los autos de los taxistas, que generalmente los conducen choferes contratados a sueldo, los que ofrecen el servicio de Uber son los propietarios de sus vehículos. Son microempresarios. Los autos empleados por Uber no pueden tener más de cinco a siete años de rodar; se supone que los taxis tienen los mismos requisitos, pero cualquiera que ha usado el servicio de los rojos sabe que muchos no cumplen con la ley que requiere que los vehículos tengan una edad máxima.

Los taxistas, como los transportistas y probablemente los empleados públicos, se presentan como de las “clases populares”, personas con grandes necesidades económicas. Provoca repudio a los que sepan los salarios, en particular de los que laboran en el gobierno, porque superan en promedio de lo que pueden ganar los profesionales y personas de mano de obra calificada en el sector privado.

Por muchos años una placa de taxi fue regalada a los más cercanos seguidores de los políticos de turno. Significaba una garantía de poder lucrar; se suponía que el dueño trabajaba largas horas detrás del volante ganando ingresos para mantener a su familia. Pero después de todo eran políticos y rápidamente se convirtieron los dueños de las placas en “patronos”. Descansan mientras que otros operan el servicio por un sueldo. Pero el día de los bloqueos, aparecen los dueños.

Los choferes de Uber no van a bloquear calles, ni tampoco lo harán los motociclistas de Uber Eats. Van a seguir trabajando al margen de la persecución que vendrá a manos de la autoridad encabezada por el presidente. ¡Bravo!

Mientras tanto vendrá el bloqueo de calles del grupo próximo; la gente de ANEP puede pedir que suban las “anualidades” a sus miembros. Los profesores universitarios ya reciben más del 3,5%; en su marcha pueden pedir el doble. ¿Por qué no?

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