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Dineros ociosos no llegan a quienes los necesitan para ser productivos, para estudiar y en general para progresar, mientras el país por otro lado adquiere deuda externa para cubrir gasto corriente y la población empieza a sufrir el flagelo del desempleo


Necesidades sobran pero hay dinero ocioso

Generaríamos productividad al financiar las pequeñas empresas a costo real, dice un análisis de este medio publicado ayer. Y sin duda productividad y generación de empleo es lo que necesitamos.
Por otro lado, no es el único fondo que permanece ocioso a pesar de las necesidades de diferentes sectores de la población.
En el análisis se razona que es poco probable que el Sistema de Banca para el Desarrollo llegue a beneficiar al sector de las pequeñas empresas, “dado que está basado en la ilusión de que sea posible proporcionar el dinero gratis”.
Es decir, que en este momento los bancos privados prestan muy poco de ese fondo porque por ley solo pueden hacerlo por debajo del costo, lo que no les resulta rentable.
¿A cuál dinero se refiere? Al monto correspondiente al 15% de sus activos totales que actualmente están obligados a depositar los bancos privados, porque es un fondo que se creó para ofrecer préstamos a las pequeñas empresas.
En realidad, este sistema, creado hace tantos años, no ha servido hasta la fecha para hacer realidad la supuesta intención de proporcionar recursos económicos a quienes buscan tener una empresa sin contar con el capital para ello.
El dinero está ahí, pero no se utiliza.
Pero este, como sabemos, no es el único caso de dineros públicos ociosos por falta de adecuada gestión, o por una ley inoperante desde su creación, y que por razones desconocidas se mantiene, pero solo en el papel, por años.
En el caso del dinero que tuvieron que depositar las empresas que entraron al negocio de la telefonía celular cuando se dio la apertura del mercado, ha pasado algo semejante.
Pasaron años antes de que, a pasito lento y actuando a prueba y error, se comenzara a hacer algo con esos fondos con los cuales debían llevarse Internet, equipos y capacitación a las escuelas y otros centros ubicados en zonas muy alejadas de las capitales de provincias.
De nuevo, gestión lenta retrasando todo. Lentitud que afecta negativamente al país en un mundo que se mueve hoy a gran velocidad y en el cual estamos obligados a competir.
Son apenas dos ejemplos, pero sirvan para recordar la urgencia de buena, transparente y eficaz gestión que tiene el país.
Dineros ociosos no llegan a quienes los necesitan para ser productivos, para estudiar y en general para progresar, mientras el país por otro lado adquiere deuda externa para cubrir gasto corriente y la población empieza a sufrir el flagelo del desempleo.
 

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