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Narcisismo desenfrenado

• El carisma de Matthew McConaughey y Kate Hudson es ofuscado por un argumento desechable.

Amor y tesoro
(Fool's Gold)
Dirección: Andy Tennant. Reparto: Matthew McConaughey, Kate Hudson, Donald Sutherland, Alexis Dziena. Duración: 1.53. Origen: EE.UU. 2008. Calificación: 3.

Observando “Amor y tesoro”, surge una duda: ¿Será que algunos astros de Hollywood eligen sus proyectos sin leer previamente el guion respectivo? Solo así se explica por qué dos actores cotizados como Matthew McConaughey y Kate Hudson hayan aceptado amenizar semejante adefesio.
Ambos habían compartido la pantalla en “Cómo perder a un hombre en diez días” (2003), una comedia romántica que triunfó en la taquilla, pese a su calidad regular. Posiblemente, McConaughey y Hudson confiaron en la posibilidad de repetir ese éxito comercial. Sin embargo, esta vez su carisma es ofuscado por un argumento absolutamente desechable. Es un desabrido pastiche de elementos copiados de filmes como “Dos bribones tras la joya perdida” (Romancing the Stone, 1984), “La leyenda del tesoro perdido” (National Treasure, 2004) y “Azul extremo” (Into the Blue, 2005), entre otros.
Por años, el aventurero Ben Finnegan estuvo buscando un fabuloso tesoro, al lado de su esposa Tess. Justo cuando ellos están finalizando los trámites de su divorcio, Finnegan descubre nueva evidencia, que ubica el botín en los alrededores de una pequeña isla caribeña. A pesar de las diferencias que existen entre ella y su ex marido, Tess acepta reanudar la búsqueda del anhelado tesoro. En la hazaña participan también el millonario Nigel Honeycutt, dueño de un yate lujoso; y su mimada hija Gemma.
El insignificante argumento pudo convertirse en una excusa para armar un pasatiempo atractivo: romance, buen humor y aventuras ubicadas en parajes exóticos. En cambio, aquí se juntan muchos de los defectos más garrafales que pueden plagar un libreto: caracteres esbozados con trazos superficiales, situaciones trilladas, chistes insípidos y reiteraciones inútiles que interrumpen la narración.
En una penosa secuencia explicativa, los protagonistas emplean varios minutos aclarando detalles que el público ya conoce. Ello provoca una repentina interrupción del ritmo, que la película jamás logra recuperar, ni siquiera en el movido desenlace. La falta de chispa en los diálogos, impide a los intérpretes brillar con luz propia. Ello es particularmente cierto de la deslucida Kate Hudson, mientras que no afecta demasiado a Matthew McConaughey. El galán no pierde ocasión para quitarse la camiseta y ostentar un físico envidiable, en lo que es una muestra de presunción y narcisismo desenfrenado.
Poco aportan virtudes formales como la correcta fotografía de Don Burgess. Inevitablemente, “Amor y tesoro” es víctima de su ineptitud congénita.

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