Iris Zamora

Iris Zamora

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Lunes 21 Diciembre, 2015

Queremos una nueva humanidad, reclamamos hombres y mujeres nuevos, capaces de transformar este planeta desigual, injusto y excluyente en un hogar común, cálido, solidario, amoroso para todas, para todos

…desde Moncho

Nacer de nuevo


Siempre me ha inquietado el texto que aparece en Juan 3-1 al 21. Un “principal entre los judíos”, llamado Nicodemo, llega de noche hasta la tienda de Jesús para decirle que sabe que viene de Dios como maestro, porque las “señales” que hace solo las puede hacer quien está con Dios.
Jesús le dice que el que “no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. Obviamente este hombre conocedor de la Ley le hace preguntas lógicas”. ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?”
Es importante el contexto. La época, la influencia, el poder de los fariseos entre el pueblo judío. Nicodemo no era un ignorante, ni un “hombre de a pie”, era un “principal” entre los judíos, alguien que conocía la ley, que era estudioso del texto sagrado. Seguramente integrante del sanedrín.
Mientras tanto, el hijo de carpintero, que visitaba y comía con cobradores de impuestos, que sanaba paralíticos y ciegos, en sábado; que perdonaba los pecados de las prostitutas, que compartía el pan con los más pobres, era un transgresor, y además hablaba de nacer de nuevo…
Jesús responde a las inquietudes de Nicodemo, diciendo que se nace de la carne y del espíritu (aun hoy resulta difícil comprender cómo se nace del espíritu). Casi sin permitir que este “principal” le interrogara de nuevo, le dice: “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de donde viene, ni a donde va; así es todo aquel que es nacido del espíritu”. Impactado seguramente por la respuesta, Nicodemo insiste, “¿cómo puede hacerse eso?” El diálogo es fabuloso, profundo y sencillo, dejaré la interpretación a los estudiosos teólogos e investigadores sagrados.
Solamente pretendí recordar este momento de los Evangelios, porque hoy lunes estamos a solo tres días, de recordar el nacimiento de un niño que dividió la historia de la humanidad en antes y después de él... Ese niño transformó la historia humana sobre la Tierra.
Me sobrecogen esos dos momentos, el nacimiento, del joven carpintero que más tarde le dijo al maestro de la ley, al inquieto Nicodemo, que es necesario nacer de nuevo…
Sabemos que no es posible, siendo viejos, regresar al vientre de nuestras madres; entonces el camino es nacer del espíritu.
Queremos una nueva humanidad, reclamamos hombres y mujeres nuevos, capaces de transformar este planeta desigual, injusto, y excluyente en un hogar común, cálido, solidario, amoroso para todas, para todos.
Hasta ahora no lo ha logrado la riqueza, ni las tecnologías, ni el capitalismo, ni el comunismo. Hemos buscado la respuesta en todas las doctrinas, en todos los textos, en gurús, en CEO, en todos los líderes de la Tierra…
Quizá, la respuesta está más cerca de lo que imaginamos. No es un asunto de religiones. ¡Es posible nacer de nuevo! Es nuestra decisión. La invitación nos la hicieron hace poco más de 2.000 años, continúa vigente. Quizá, por qué no, sea el tiempo, para el espíritu. ¡Feliz Nacimiento!

Iris Zamora