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El año pasado, el ayuntamiento josefino ejecutó solo el 72% de su presupuesto
Municipalidades no aprovecharon más de ¢80 mil millones
La situación de los ayuntamientos concuerda con la tendencia en el resto del sector público, donde las entidades piden más dinero del que gastan

Rommel Tellez
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Si bien los ciudadanos de la mayor parte de los cantones del país sufren por carencias en los servicios básicos, mal estado de sus carreteras, inseguridad e incluso deficiencias en la recolección de basura, sus municipalidades no ejecutaron el año pasado el 30% de los presupuestos que se les asignaron por parte del Gobierno central.
Así por ejemplo, la corporación de San José no ejecutó el 28% de su presupuesto del año pasado; por ello, ¢13 mil millones no pudieron invertirse en obra pública.
Para 2009, la hacienda pública separó ¢290 mil millones para financiar los gobiernos locales. De este total, se utilizaron solo ¢208 mil millones, por lo que en recursos ociosos los ayuntamientos sumaron más de ¢80 mil millones.
Ante este panorama, el alcalde de Golfito y su equipo de trabajo salen airosos, pues en esta municipalidad es donde se aprovechó la máxima proporción del dinero, un 97% de los recursos.
En segundo lugar se ubica la de Garabito que reporta un 95% de utilización del presupuesto.
“La clave en nuestro caso ha sido la actitud de querer llevar adelante los proyectos. En mi caso personal, considero una injusticia que la plata se quede guardada en un banco y que la gente de la comunidad sufra necesidades al mismo tiempo”, explicó Jimmy Cubillo, alcalde de Golfito.
Al otro extremo, la Municipalidad de Turrubares —uno de los cantones más pobres del país— muestra el peor desempeño, pues casi todo el dinero asignado se devolvió al Gobierno central.
Este ayuntamiento tuvo ingresos efectivos por ¢1.263 millones, de los cuales solo utilizó ¢142 millones. Por ello mantuvo 89% del dinero intacto.
Se contactó al alcalde Rafael Vindas para hacerle las consultas respectivas, sin embargo, luego de escuchar las preguntas terminó la llamada y declinó comunicarse con este medio.
En el caso de San José, este ayuntamiento es el que muestra más recursos ociosos pues su presupuesto es el más elevado del país: ¢48 mil millones. De estos, se ejecutaron ¢35 mil millones, es decir un 72%. En este resultado influyó el alto porcentaje de apelaciones en los procesos de compras públicas efectuadas por la corporación.
“Nos vimos imposibilitados de usar el resto de los dineros en parte porque hubo bastantes apelaciones luego de cada concurso”, aclaró Edgar Sandoval, gerente administrativo-financiero de la corporación josefina. Los proyectos de obra pública fueron los que más sufrieron pues parte importante de los casi ¢13 mil millones tenían ese destino.
La situación de los ayuntamientos concuerda con la tendencia en el resto del sector público, donde las entidades piden más dinero del que gastan. Un estudio de la Contraloría General de la República reveló que el año anterior, el Gobierno utilizó en promedio solo seis de cada ¢10 millones presupuestados. Si bien esto implica una menor inversión pública, también pudo alivianar el déficit nacional, de acuerdo con el órgano contralor.
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