Mujeres pueden ganar guerra corporativa
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Mujeres pueden ganar guerra corporativa

Si hay algún banquero alemán que no está tomando en serio la igualdad de género, es Josef Ackermann.
El máximo responsable ejecutivo de Deutsche Bank AG está en un lío por las observaciones frívolas que hizo sobre las mujeres que actúan en los consejos de administración de bancos. Ahora, algunos ministros alemanes están exigiendo que se introduzcan cuotas obligatorias, obligando así a las empresas a designar mujeres en los puestos más altos.

Si esto ocurre, Alemania estará siguiendo una tendencia que se da en toda Europa. Todos creen que los directores de una empresa deben reflejar la diversidad de las sociedades donde desarrollan su actividad, y que es necesario ofrecer iguales oportunidades a todos.
Sin embargo, es un paso muy grande fijar cuotas obligatorias. Centra demasiada atención en unos pocos empleos de alto nivel; distrae la atención de los avances que ya se han hecho; corre el riesgo de crear un pequeño ejército de falsas directoras mujeres; y hará que las empresas europeas desatiendan la competencia con Estados Unidos y Asia.
Las observaciones de Ackermann fueron sin duda burdas. Este mes dijo que el consejo de administración de Deutsche Bank será “más colorido y lindo” con una mujer en él. La mayoría de nosotros pensaría que comentarios como ése son tan aceptables como pellizcarle el trasero a una pasante o enviar a la única mujer en la sala a buscar un poco de café. No es el tipo de comportamiento del que a esta altura se pueda salir inmune.
Alemania tiene probablemente la mujer política más poderosa del mundo en la Canciller Angela Merkel, pero no tiene una gran hoja de servicios en lo que se refiere a igualdad de los sexos. Tal vez por tener tanta industria pesada dominada por hombres, las mujeres no han avanzado tanto en la actividad empresaria como en otros países. Alemania se clasificó en el puesto número 13 en el informe Global Gender Gap 2010 del Foro Económico Mundial. En 2006 estaba en el quinto lugar.
Sigue habiendo obstáculos para el ascenso de las mujeres al nivel más alto de las corporaciones, y es algo que ocurre quizá más en Alemania que en la mayoría de las economías desarrolladas. Aun así, deberían ser las empresas las que deciden quién está en sus consejos.
Primero, es un error concentrarse demasiado en los empleos más altos. Muy pocos de nosotros, hombres o mujeres, vamos o seremos invitados a incorporarnos al directorio de Deutsche Bank. Lo que importa es qué cantidad de mujeres lo hace en el mercado de trabajo más amplio. Y, de hecho, les está yendo en verdad muy bien. Tienen una mejor formación, los nuevos empleos que se crean en general están más adaptados a ellas y están cerrando rápidamente la brecha de remuneración con los hombres.
Segundo, lleva tiempo. Miremos un poco la serie de TV “Mad Men” ambientada en una agencia publicitaria de comienzos de los años 1960. La mayoría de nosotros ve el sexismo casual permanente con asombro. Hace nada más que medio siglo que las mujeres estaban completamente excluidas de los empleos ejecutivos más altos. El lugar de trabajo se ha vuelto mucho más igualitario desde entonces -y continúa siéndolo.
Según la Red Europea de Mujeres Profesionales con sede en París, la proporción de mujeres en los directorios de empresas europeas de primer nivel subió de 8% en 2004 a 12% en 2010. A ese ritmo, pronostica que alcanzará la paridad en 16 años.


Nueva York

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