Mucho miedo, poca confianza
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Mucho miedo, poca confianza

Desesperado, el gerente financiero de una empresa productora nos comentaba de las fuertes presiones a las que se encontraba sometido por el vaivén que los precios de las materias primas, los títulos valores y las monedas habían experimentado durante el año.
Por si no fuera poco la pesadilla de la volatilidad pareciera extenderse hacia 2012, lo que anticipa otro periodo de altas ventas para los fabricantes de antiácidos y antidepresivos.

La situación del mencionado gerente no es única de él, sino que la viven también los inversionistas, los gobiernos y por supuesto el ciudadano de a pie que se encuentra sumado en este maremágnum de incertidumbre.
Comentando con algunos colegas acerca del caso del gerente, nuestra impresión es que los mercados o mejor dicho las economías en general sufren una combinación de excesos de temor y confianza desmesurados. Tal y como comentó Warren Buffet alguna vez, el mercado es maniaco-depresivo y la situación actual parece ser una prueba viviente de ello.
Para corroborar la hipótesis, tomemos el caso de las caídas registradas por los bonos y las monedas, debido a la posibilidad de “default” de Grecia pero que luego que la Unión Europea indicara que realizaría un esfuerzo por no hacer colapsar a este país, los mercados comenzaron a reaccionar positivamente.
Lo curioso de lo anterior, es que Grecia ni ha puesto en práctica planes de control fiscal ni tampoco el resto de los países de la Unión que tienen problemas han salido de peligro. Como mencionábamos antes un ejemplo del exceso de confianza del mercado.
Este problema lo hemos visto extendido hasta en América Latina, donde hay serias preocupaciones de sobrevaluación de las monedas y aumentos inflacionarios, pero la inversión extranjera ha aumentado, así como la actividad comercial e industrial.
El gerente se preguntaría entonces, si es que el mercado ha perdido el juicio y los participantes deben entonces lidiar con la demencia. Esta apreciación no está muy alejada de la realidad; ya que en realidad, lo que refleja es el alto grado de desesperación de todos los participantes de garantizar un cierto nivel de retorno, dentro de las adversidades de la crisis.
Las economías están aterradas, porque no quieren repetir los problemas de los años 30, 50, 70 y 2009. Tampoco quieren ceder el terreno ganado en rentabilidad (léase comodidades), y en este punto es donde quizás se presenta el gran error, ya que no se puede tener siempre lo mejor de dos mundos.
La recomendación para el gerente, quizás sea prepararse un buen tecito de tilo o manzanilla y pensar con sensatez y la mayor claridad posible, en asumir los compromisos, haciendo uso de las herramientas disponibles de mitigación de riesgo y cobertura.

Alfredo Puerta, MBA
[email protected]
Twitter @alfredopuerta

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