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Entidades crediticias buscan nuevas estrategias para detener el incremento en el atraso de pagos
Morosidad sigue en aumento
Nueva regulación que limita la forma y persistencia de contactar a los clientes pone un reto a la industria financiera

Los índices de morosidad del sistema financiero subieron con respecto a los últimos dos años, por lo que representan el principal reto para bancos, cooperativas y financieras.
Los créditos de consumo y tarjetas de crédito son los que presentan mayor riesgo para las entidades.
A esto se suman otras circunstancias, como reglamentos que ponen límites al tipo de seguimiento que el banco puede dar a un cliente en mora.
Por ejemplo, todavía el año pasado los emisores de tarjetas de crédito podían llamar a los familiares del deudor y jefes para obligar el pago. Eso ya no está permitido, y también se limita la cantidad de llamadas que el banco puede hacer al cliente, cobrando cargos adicionales.
Esto tiene explicación en que las personas aumentaron su consumo, pero apoyadas en préstamos o tarjetas de crédito y no en una mejora de sus ingresos.
Por eso, cuando descubren que no pueden mantener ese nivel de gasto ya las deudas sobrepasan su capacidad de pago, consideró Anabelle Ortega, directora ejecutiva de la Cámara de Bancos.
“Existe inquietud para que ellos (banqueros) conozcan nuevas estrategias que les ayuden en su gestión de cobro, respetando el derecho de los clientes. A nadie le gusta tener que cobrar”, añadió.
De hecho, de manera conjunta los asociados a la Cámara planifican un congreso con expositores internacionales para abordar temas como los tipos de cobranza, escoger la negociación que resulte más conveniente según el tipo de cliente, el uso que se debe hacer de los contactos que se tengan del deudor y la gradualidad que debe tener todo proceso de cobranza.
De momento, los bancos lo que realizan es un monitoreo continuo de todas las operaciones que tienen con sus usuarios.
En el caso del Banco Popular, el tipo de crédito que enfrenta mayor morosidad es el de operaciones relacionadas con tarjetas de crédito y consumo. Adicionalmente, como resultado del bajo dinamismo de la actividad económica del país, los créditos de vivienda y el de pequeñas y medianas empresas también han presentado un deterioro en el último año, dijo Víctor Rodríguez, director de Banca de Personas de dicha entidad.
Ahora, quienes afrontan un compromiso económico toman dos caminos posibles: enfrentar la incapacidad de pago o se esconden un tiempo mientras consiguen el dinero para pagar.
Si bien todas las entidades financieras adoptan políticas diferentes para atender estos casos, lo cierto es que ha existido apertura para negociar.
Por ejemplo, el Popular readecuó en plazo o tasa unos ¢6.100 millones en deudas solo durante el primer semestre a clientes que se acercaron a negociar.
“Los bancos siempre somos los más interesados en arreglar antes que tomar otro tipo de acciones. Si un cliente enfrenta un problema de liquidez, lo mejor es que se acerque para, en conjunto, buscar una solución que le permita mantener su garantía y récord crediticio”, afirmó Heidy Ureña, directora comercial de Bancrédito.
De hecho, los préstamos que usualmente presentan mayor mora son los que tienen tasas más altas. Un caso es el de las tarjetas de crédito, que por su alto riesgo de impago, compensan con un interés elevado.
Eso abrió un espacio para que los bancos ayuden a sus clientes a readecuar deudas. Por ejemplo, una solución ofrecida es que la deuda de una tarjeta es trasladada a un préstamo para que pueda ser afrontada a una menor tasa de interés, explicó Fernando Víquez, subgerente del Banco de Costa Rica.
El problema de la morosidad afecta a las dos partes.
En el caso del cliente, si llega a cobro judicial, ninguna otra entidad del sistema financiero formal volverá a prestarle dinero, porque es un sujeto de alto riesgo y afecta sus indicadores.
Para el banco, caer en un índice de morosidad superior al 3% de su cartera crediticia, si bien no quiere decir que va a quebrar, sí da una mala señal al mercado ya que es el parámetro de normalidad que establece la Superintendencia General de Entidades Financieras.

Daniel Chacón
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