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Viernes 13 Junio, 2008

Monumento a la indiferencia nacional


Recientemente participé junto a otros 90 costarricenses, de un biocurso en la isla impulsado por la Fundación Amigos de la Isla del Coco (FAICO) y la Organización de Estudios Tropicales (OET).
Los atributos naturales de la Isla del Coco bien le valen ser una de las siete Maravillas del Mundo, aunque una amenaza inminente atenta contra su riqueza natural, que tanto el gobierno como el sector privado costarricense no quieren percibir.
Para al menos neutralizar estas amenazas, es necesario poner atención inmediata, bien informada y decidida sobre el saqueo permanente de recursos marinos, entre otras acciones preocupantes.
Pesqueros de diversas nacionalidades los realizan sistemáticamente en las aguas de la isla, afectando las especies protegidas como tortugas y tiburones, en busca de atunes y otras especies. Otros realizan una matanza indiscriminada y amenazan su riqueza submarina.
¿Por qué no podemos detenerlos? Científicos y guardaparques aluden a la falta de recursos para poder enfrentar sin desventaja técnica y en equipos a los modernos piratas.
En este momento el único patrullaje lo realiza una nave propiedad de Marviva, la cual es realmente fácil de eludir cuando varios de los pesqueros se ponen de acuerdo y mientras algunos hacen el trabajo de distracción, otros pescan a su antojo. Imaginen lo que sucede cuando la lancha sale varios meses para mantenimiento.
El marco legal y la corrupción en muelles privados y en juzgados penales son otro obstáculo. Cuando se logra atrapar alguno de los pesqueros ilegales es casi imposible que se le juzgue ya que nuestras leyes no contemplan este tipo de delito y porque, según los involucrados, existe una red que hace inefectiva la labor de los jueces.
El aleteo de tiburones persiste por la falta de control en muelles privados que permiten la descarga de este producto.
Por otro lado, la isla cuenta con convenientes fuentes de agua pura que la hace muy atractiva para el reabastecimiento de barcos. Sus tripulaciones empezaron a introducir venados y cerdos y accidentalmente ratas. Con la construcción del presidio en el siglo XIX, se introdujo además café y pastos.
Estas especies causan un daño terrible al ecosistema, sobre todo los cerdos y venados que acaban con cualquier intento de recuperación de especies. Los revolcaderos en las pendientes causan erosión que producen fango, el cual es arrastrado hacia ríos y playas atentando contra la producción del plancton, tan importante en la cadena alimenticia submarina.
Las facilidades para vivir y trabajar en la isla son precarias. Los guardaparques se quejan del poco o ningún apoyo que reciben del gobierno, mientras que los científicos subrayan la necesidad de contar con una base científica permanente en ella.
Cuentan con fondos de donación francesa y del PNUD que están en peligro de perderse por falta de avance en los procesos.
En mi opinión, existe un vacío en la organización que vela por el futuro de la isla, el cual no llena a cabalidad FAICO por falta de personal y de un plan estratégico general que integre la actualización del Plan de Manejo del Area de Protección de la Isla. Este plan conlleva estudios sobre los temas mencionados que son de alta prioridad.
No se debe pensar que todos los estudios y fondos provendrán siempre de donaciones. Está pendiente la consideración de la carga turística manejable para la isla y su estudio de factibilidad.
Un turismo cuidadoso y de muy bajo impacto podría ser una fuente de ingresos permanente que permita darle sostenibilidad a los proyectos de protección de este mundo maravilloso y frágil.

Eduardo Villafranca
Vicepresidente
Hotel Punta Islita