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Viernes 10 Diciembre, 2010

Miedo a progresar

No salgo de mi asombro al ver la continua obsesión de políticos y medios de comunicación por encontrar “pelos en la sopa” en cualquier proyecto que ha salido o se va a hacer realidad en el país. Es como si Costa Rica, colmada ya por todos los parabienes de una sociedad desarrollada, no tuviese más problemas que los que genera cualquier atisbo de avance o progreso.
Fíjense cómo a diario leemos titulares amenazantes del tipo: “Nueva Cinchona avanza sin permisos”, o este otro: “Estadio Nacional invade zona vedada”. Es como si lo importante fuese cumplir con la maraña legalista que impregna la vida pública de este país, antes que resolver los problemas reales de las personas. Como si las soluciones fuesen agravantes de los problemas y no al contario.
Miren cómo a los políticos de nuevo cuño, tan preocupados por generar polémicas estériles, solo les importa hurgar en el pasado: comisiones de investigación, revisiones de actuaciones del anterior Ejecutivo, etc. Cualquier cosa antes que permitir el avance de proyectos vitales para el progreso del país. Leyes y aprobaciones de empréstitos se engavetan porque lo que interesa es volver la vista atrás.
La presión mediática y política genera un tremendo daño al país cuando su pretensión no es otra que la de paralizar el progreso. Más aún cuando lo que tienen enfrente es un gobierno débil y timorato. Un Ejecutivo que teme más a los titulares que al continuo declive del país.
Porque, seamos honestos, Costa Rica viene sufriendo un importante deterioro en índices tan significativos como el del porcentaje de personas que viven por debajo del nivel de pobreza. Por no hablar de los malos resultados en ranking internacionales como el de competitividad, uno más en el que nos rebasa Panamá.
Poco importa que el retraso en infraestructuras que sufre el país comience a suponer un claro obstáculo al progreso; o que los niveles educativos —orgullo propagandístico patrio— vayan en picada. Lo importante es no cometer errores, no aparecer en los titulares, no ser criticados por lo que hicimos o haremos. De lo cual se deduce que mejor hacer poco para tener menos probabilidades de que nos busquen el “pelo en la sopa”.
Observe el lector cómo nuestros gobernantes prefieren poner cámaras para recaudar más por multas de tráfico, en lugar de mejorar las carreteras. Dejar que duerman el sueño de los justos proyectos que cuentan con financiación el Banco Interamericano de Desarrollo, antes que atreverse a incomodar a determinados grupos de presión.
En definitiva, algo va mal cuando los gobernantes están más pendientes de no cometer errores que de tomar decisiones por el bien de su pueblo. Algo falla en una sociedad cuando está más atenta a su pasado que a su futuro.

Francisco Avilés
Economista