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Metáfora del desarraigo

• El director de “Las tortugas pueden volar” lanza una mirada a la trágica odisea de su pueblo

“Media luna”
(Niwemang)
Dirección: Bahman Ghobadi. Reparto: Golshifteh Farahani, Ismail Ghaffari, Allah-Morad Rashtian, Hedieh Tehrani. Duración: 1.54. Origen: Austria-Francia-Irán-Irak 2006. Calificación: 7.

Después de obtener fama y reconocimientos internacionales, gracias a su película anterior “Las tortugas pueden volar” (2004), el cineasta de origen curdo Bahman Ghobadi volvió tras las cámaras con “Media luna”. Aquí, Ghobadi lanza una mirada intensa a la trágica odisea de su propio pueblo, describiendo un viaje cargado de símbolos, que se deja leer como una metáfora del desarraigo.
El protagonista es Mamo, anciano músico nacido en el Kurdistán iraquí. Tiene 37 años de vivir en el exilio con su familia, en una remota región de Irán. Tras la caída del régimen de Sadam Husein, Mamo consigue el permiso de volver a su pueblo natal, para realizar un último concierto.
En poco tiempo, el hombre reúne a su banda, integrada por sus diez hijos, alquila un bus destartalado y se pone en marcha. Aunque en Irak existe una ley que prohíbe a las mujeres cantar en público, Mamo decide llevar consigo a Hesho, artista dotada de una voz celestial, quien fuera antiguamente su musa inspiradora. Durante el largo camino, surgen muchos obstáculos que les dificultan a los viajeros llegar a su destino.
Apoyándose en una depurada fotografía a colores, el filme transporta al espectador a un mundo desconocido y enigmático. Es una tierra de profundos contrastes, suspendida entre la modernidad y el peso de tradiciones ancestrales. Ante paisajes de austera belleza, tan hermosos como desolados, se lleva a cabo un extraño recorrido, envuelto en una misteriosa dimensión espiritual.
“Media luna” es una propuesta cinematográfica irregular, desordenada, a menudo desconcertante, con personajes que entran y salen de escena sin razón, transiciones bruscas y giros inexplicables. El título, por ejemplo, se refiere al nombre de una bella joven, quien cae —literalmente— del cielo.
Por momentos, el relato se torna tan incoherente que parece adoptar un lenguaje onírico. Incluso, la trama podría ser interpretada como la visión de un moribundo, aunque el director no ofrece indicaciones claras al respecto.
Ghobadi cambia constantemente de tono, alternando comedia sarcástica y naturalismo, tragedia y realismo mágico, sin encontrar jamás un estilo unitario. Lo anterior se complica debido a la presencia recurrente de figuras emblemáticas, que inevitablemente confunden al público occidental.
A pesar de todo, “Media luna” proporciona una experiencia intrigante. No es una obra plenamente lograda; pero tampoco se puede negar su capacidad de cautivar y generar interés.

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