Mercados emergentes están lejos de crisis financiera
Una crisis financiera en las economías emergentes es menos probable de lo que sugieren los titulares espantosos y la agitación en los mercados globales. El hecho es que la mayoría de los países en desarrollo está en mejores condiciones de lo que parece a simple vista. Bloomberg/La República
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 Los inversores del mundo todavía se estremecen ante un temido colapso de los mercados emergentes.
En una encuesta reciente del gerente de fondos holandés, NN InvestmentPartners, un tercio de los inversores institucionales consultados dijo que el mayor riesgo que enfrentan hoy es una crisis financiera en el mundo emergente, superando una renovada crisis en la Eurozona y las tasas de interés más altas.
Dicho miedo parece justificado. El mercado bursátil patas arriba y la moneda en vías de deterioro en China están agitando a los mercados globales. Brasil y Rusia han ingresado en recesiones profundas.
La directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, advirtió en un discurso el 12 de enero que los países en desarrollo “enfrentan actualmente una nueva realidad” de menor crecimiento.
Sin embargo, una crisis financiera en las economías emergentes es menos probable de lo que sugieren los titulares espantosos y la agitación en los mercados globales.
El hecho es que la mayoría de los países en desarrollo está en mejores condiciones de lo que parece a simple vista.
Los gurús advierten sobre una peligrosa explosión de deuda en el mundo emergente.
No obstante, si se consideran sus parámetros históricos, la acumulación en la mayoría de los países no ha sido dramática.
En un estudio de 2015, Neil Shearing, economista principal de mercados emergentes del equipo de investigación de Capital Economics, analizó crisis anteriores y descubrió que “los problemas tienden a surgir luego de una rápida expansión de la deuda, no cuando la deuda supera un umbral determinado”.
Su consejo es observar el ritmo de acumulación de deuda en lugar de su magnitud absoluta al tratar de detectar el siguiente colapso.
Y en estos últimos años, la mayoría de las economías emergentes no ha sumado suficiente deuda en relación al tamaño de sus economías como para justificar las advertencias más bajistas.
En el último decenio, el ratio deuda privada/PIB de Malasia avanzó 18,5 puntos porcentuales, India 17, Indonesia 12,5 y Sudáfrica 11, según datos aportados por Capital Economics. En comparación, antes de la crisis financiera de 1997, ese ratio había aumentado casi 100 puntos porcentuales en Tailandia y mucho más de 50 en Malasia.
Muchas economías en desarrollo están, asimismo, mucho mejor preparadas para los shocks externos.
En muchos mercados emergentes clave, la mayor parte de la deuda nueva está denominada en moneda local, no extranjera; eso los vuelve menos vulnerables a las depreciaciones de las monedas y las salidas de capital.
Las reservas en moneda extranjera también han sido aumentadas sustancialmente. Según datos del Banco Mundial, Indonesia había acumulado a fines de 2014 $112 mil millones en reservas —casi seis veces más que en 1996, antes de la crisis financiera asiática.
La reserva de Tailandia, de $157 mil millones, era cuatro veces mayor.
En India, las reservas se mantenían en apenas $5.600 millones en 1990 antes de su cuasi crisis de la deuda; para 2014 habían crecido hasta $325 mil millones.
Obviamente, predecir si las crisis ocurrirán o no, también es riesgoso. Varios países importantes están mucho más tambaleantes desde hace unos años, sobre todo China, que experimentó sin lugar a dudas la explosión más espectacular de deuda entre las grandes economías emergentes.
La deuda de su sector privado trepó 80 puntos porcentuales hasta más del 200% del PIB en el último decenio. Turquía, Brasil y Rusia también son posibles puntos inflamables.
Siempre existe la posibilidad de que un estallido en un país se propague a los mercados emergentes, como ocurrió a fines de los años 1990.
En esas circunstancias de pánico, las condiciones diferenciadas de las economías individuales dejan de importar demasiado.
No obstante, las economías emergentes han demostrado ser notablemente resistentes en medio de los traumas de los últimos años.
Lo que se está dando en el mundo en desarrollo no es una crisis financiera, sino una crisis de crecimiento.
El FMI pronostica que las economías emergentes crecerán solo el 4,3% en 2016, muy por debajo del 8,2% de 2006.
Eso representa un problema en sí mismo para una economía mundial que busca desesperadamente nuevas fuentes de crecimiento y sobre todo para los 900 millones de personas atrapadas todavía en la pobreza.
En su reciente discurso, Lagarde señaló que los niveles de ingreso en el mundo emergente están convergiendo con los de las economías avanzadas en un nivel dos tercios más bajo de lo que se predijo un decenio atrás, una tendencia que, lamentó, era “causa de preocupación”.
Las dificultades de los mercados emergentes quizá no den al mundo la próxima gran crisis, pero son uno de sus mayores problemas.


 

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