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Miami Herald y Agencia France Press denuncian mal manejo ambiental en el país
Medios internacionales cuestionan imagen verde de Costa Rica

• Empresarios y ambientalistas asumen las publicaciones como jalón de orejas merecido
• Gobierno reconoce veracidad de reportajes, pero dice que deben tomarse como oportunidad para mejorar

Eduardo Baldares
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¿La imagen verde que el país le vende al mundo puede caer junto con los árboles que cedieron su lugar al boom inmobiliario?
¿El eslogan “Sin ingredientes artificiales” se destiñe por efecto del abuso de agroquímicos en algunas frutas de exportación?
Tras las publicaciones por presunto mal manejo ambiental en el país hechas por dos medios de renombre internacional —la agencia de noticias AFP y el periódico Miami Herald— las respuestas a estas preguntas dejan un sabor agridulce.
Agrio, porque en círculos empresariales, estatales y ambientalistas se reconoce la veracidad de los reportajes, pero dulce también, porque en todos los sectores se asumen las notas como llamados de atención que deben motivar un cambio positivo para el país.
Aunque todavía no se enciende la alerta roja, pues harían falta muchas notas más, aparte de estas dos, para comprometer seriamente la imagen internacional costarricense, sí se prende la amarilla, pues se reconoce la necesidad de mejorar las políticas ambientales en los campos inmobiliario y frutícola.
En una nota publicada alrededor del mundo a través de Internet la semana pasada, la Agencia Francesa de Prensa (AFP), aseguró que Costa Rica es “un tesoro natural amenazado por actividades humanas”.
Entre las críticas más severas que contiene la nota resalta la alusión al denominado boom de la construcción, que se ha producido fundamentalmente en zonas costeras y montañosas, constituyéndose en una amenaza para la biodiversidad de Costa Rica, que es una de las más concentradas del mundo y que apenas ha comenzado a inventariarse.
Aunque no precisa la cantidad de especies cuya supervivencia se encuentra amenazada, el reportaje cita a la bióloga Vilma Obando —del Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio)—, quien calcula que han de ser “miles”.
Otro factor que se menciona es la expansión de la producción piñera, ahora extendida a zonas ecológicamente muy ricas, como el norte del país.
La piña es un cultivo extensivo, que no admite la convivencia con otras especies y en el que se utilizan grandes cantidades de agroquímicos contaminantes, explicó Obando.
Además, el pasado jueves en el sitio miamiherald.com, el periódico de Florida publicó el reportaje “Auge piñero plantea cuestiones ambientales en Costa Rica”, en el que salen a relucir situaciones como la de un grupo de siquirreños que no sabe qué hacer con el agua, pues mientras las empresas frutícolas les aseguran que está limpia, el gobierno les lleva camiones cisterna para que beban.
El año pasado las autoridades detectaron pequeñas cantidades de bromacil —un pesticida usado contra los insectos en las piñeras— en el acuífero local, por lo que el gobierno entrega agua por camión a casi 6 mil personas, cita el Herald.
Este tipo de denuncias comprometen la imagen del país, justo cuando se está a las puertas de negociar un posible tratado de libre comercio con la Unión Europea, así que preocupa, pero más que eso, “estas informaciones nos pueden servir para decirles a algunas empresas que si no cambian sus métodos simplemente no van a poder exportar”, sentenció Jorge Rodríguez, viceministro del Ambiente.
¿Son ciertas las denuncias de esos medios? “En Guanacaste es fácilmente visible el incumplimiento de la legislación ambiental. Por ejemplo, en terrenos cubiertos totalmente de bosque, en los que no se puede hacer cambio de uso de suelo y que además es un delito según la Ley Forestal, se pueden ver construcciones de todo tipo —condominios, casas, hoteles—. Además en las zonas de protección del recurso hídrico igualmente se observan construcciones”, aseguran Rolando Castro y Gabriela Cuadrado, del programa Gestión Integrada del Recurso Hídrico.
En el caso de las frutícolas, el problema ha sido con los monocultivos, “debido a la alta cantidad de agroquímicos que se siguen usando, principalmente mediante fuertes dosis para control de nematodos y fumigación aérea”, aseguró el sacerdote ambientalista Gerardo Vargas, para quien “sigue siendo grave la exposición de los trabajadores a las altas dosis de agroquímicos, y ni que decir de los residuos que están llegando a las fuentes de agua”.



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