Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

Enviar
Jueves 1 Julio, 2010


De cal y de arena
Mediocres

Nos hemos convertido en mediocres y, lo peor, es que padecemos la pauperización sin darnos cuenta y sin que se manifieste un propósito de reacción correctiva. ¿Cuándo se inició este aciago proceso deformante en grave daño de la calidad de país? Somos una sociedad que se hunde en la mediocridad y cuyos valores éticos y morales se desploman en caída de barrena. Si así vamos a enfrentar los desafíos del mañana, ¿qué nos espera?
El Maestro Guillermo Malavassi Vargas, ilustre filósofo con gran experiencia en los vastos campos de la cultura y la educación, en un artículo que debería ser de obligada lectura (La Nación 25/6/10) llama la atención sobre este empobrecimiento, que lo es también de la calidad de país y de la calidad de vida. De él tomo esa sentencia: “nos hemos convertido en mediocres sin darnos cuenta” y su reafirmación de que la persona desde su nacimiento necesita ser formada en las virtudes. Las virtudes que se maman con el ejemplo que se le da al niño a través de los buenos hábitos, tarea de primer orden en el hogar también imprescindible para que a la escuela llegue una criatura moldeada en los buenos hábitos con la cual el docente pueda cosechar los propósitos de la Ley Fundamental de Educación de “formar ciudadanos para una democracia en que se concilien los intereses de individuos con los de la comunidad”.
El desarrollo de la Nación costarricense es un hecho innegable. Es resultante de un proceso sostenido cualitativamente envidiable en lo político, lo económico y sobre todo lo social. De unos lustros a esta parte, sin embargo, en el edificio aparecen fisuras importantes, aún no corregidas, que lo han arruinado. Perdimos el rumbo y la calidad de país se nos deterioró grandemente.
¿Por qué y cuándo nos desviamos, qué pasó en hogares y escuelas que han desatendido el cultivo de las virtudes?. Los hermosos ideales que proclama la Ley Fundamental de Educación se dirigen a la formación de ciudadanos amantes de su Patria, imbuidos de solidaridad y comprensión humana, con una vida familiar digna y con buenos hábitos, compenetrados de los principios democráticos y de justicia social.
Pero cuanto acontece nos debe preocupar en grado sumo porque la educación está dejando cosa muy distinta, importantes saldos de educandos memoristas y acríticos, hedonistas e insolidarios. Justamente cuando de afuera nos llega la contaminación de los anti-valores y la devastadora y desmoralizante presión del narcotráfico, no hay liderazgos políticos, los partidos convertidos en meras maquinarias electorales, con las iglesias embelesadas por las riquezas materiales y sus cúpulas descalificadas por su indecente codicia. Oportunos y certeros los comentarios del Maestro Malavassi, son llamadas de atención sobre la trascendencia de las proclamas insertas en aquella Ley e invitaciones a pensar si la familia y la escuela hoy son herramientas sin filo para materializarlas.

Alvaro Madrigal