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Lunes 28 Julio, 2014

Tengo ganas de compartir algunas de las cosas que he aprendido en esta media teja….


Media teja

Cincuenta años no pasan en balde. ¡Cómo ha cambiado la tecnología mi vida, y esta condenada alergia al gluten!
Pero dejando de lado mi onomástico, tengo unas ganas inmensas de compartir algunas de las cosas que he aprendido en esta media teja…
Algunos detalles:
1. El pejibaye es alérgeno. Justo un día antes de mi cumpleaños me entero de la forma más ridícula: lengua hinchada, aguijones en los labios y dificultad para tragar. Lo tomo un regalo de vida, para una optimista.
2. No es lo mismo pasar un cumpleaños con la madre que sin ella.


3. En este círculo mediático, donde los medios sociales son abogados, jueces, fiscales y sistema carcelario, la pluma es la mejor arma para destruir o construir.
4. Ahora puedo decir las cosas sin anestesia. No me da miedo desenvainar la saeta contra aquellos que majan callos.
5. Y sobre callos: después de los 50, toca hacerse el “patiquiur” y el “maniquiur” más a menudo…
6. El maquillaje es un plus para la piel.
7. Caminar de mañana es bella práctica. Afloja las articulaciones, mejora el ánimo y me da tiempo de reflexionar.
Se me acortaron los brazos y no queda más remedio que usar lentes.
8. Me gustó teñirme las canas después de una batalla campal conmigo misma.
9. ¡Qué rico es dormir con mascotas en la cama!
Toca hacer ejercicios en la bicicleta estacionaria, aunque la cama susurra: …duerme cinco minutos más…
Para los calores de la época, nada mejor que un buen ventilador en el cuarto.
10. Es importante mantener la mano abierta. Dar y recibir son parte de la misma moneda. Como decía mami, recuerda que cuando abras esa mano para dar, la otra escóndela para que no vea a quién diste.
11. Ya que estuve metida en política, y que por cierto me enamoré de ella, admito que la mal llamada “arena” en este país se quedó corta: es un pantanoso terreno, en donde si se sale airoso, es con picaduras o al acecho de alguna sanguijuela que no saca beso sin sangre. Si se escapa medio muerto, es con mordidas de quienes, como los lagartos, solo sacan del agua los ojos y con sigilo esperan a la presa desprevenida.
12. Y en este medio de la política, descubrimos a los amigos más fieles y a los enemigos también más fieles… ¡Qué vaina y qué dicha! Porque es terrible conocer a las personas solo en las buenas. Como leí una vez: si en las malas no te acercas, en las buenas no te necesito.
13. Una vez le pedí a mi mamá que me enseñara a preparar pan. Juraba que me iba a dar la receta exacta, sacada del cuaderno de mi abuela. Al llegar la hora me dijo: “poné un poco de harina, unos cuantos puños, luego el agua tibia, unos huevos, un poco de azúcar, al gusto, no más, un poquito de sal y un poco de levadura y amasas hasta que amarre… Si te quedó así de suelto, le echás otro poco de harina hasta que tome consistencia…”. Y así es la vida. Un poco de cada ingrediente. A veces toca más de uno o menos de otro.
14. Puedo afirmar que me encanta y disfruto plenamente la maternidad y que no he tenido que lidiar con esa “terrible adolescencia”, pesadilla ingrata de los padres y las madres.
15. Descubrí que es importante leer y mantenerme actualizada. Que hay que estudiar la historia, en especial porque los pueblos, por ignorancia, repiten los errores y horrores del pasado. Los mismos que ahora vemos en este hermoso país.
16. Y para terminar un tema que no puede quedar por fuera: en situaciones de amor, no se mira para atrás a los que se fueron, se mira adelante para quienes vienen.

Rebeca Grynspan Flikier