Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 31 Enero, 2014

Prueba clara de la demagogia en que vivimos son los millones gastados en propaganda falaz y llena de promesas vacías


Ente cielo y tierra

Más allá del Día E

Mientras 975 mil costarricenses viven en miseria y sin oportunidades claras de poder salir de la pobreza, nuestros candidatos políticos gastan millones en propaganda para anunciar promesas, cuya mayoría se la llevará el viento a partir del 8 de mayo.
No me imagino una situación más cínica que esta. Si el objetivo verdadero de los políticos fuese luchar contra la pobreza, llegarían pronto a un consenso, para donar ese dinero para atender las urgentes necesidades de los más desprovistos de nuestro país.


Sin embargo, la treta es clara, la intención es tocar el corazón de los votantes, para atraerlos a los colores de sus partidos que una vez pasadas las elecciones se despintan de inanición.
Esta democracia para unos cuantos, que se benefician por millones cada cuatro años es lo que hoy tiene preocupados a muchos representantes del establishment.
Para darle emoción a un circo medio muerto, las encuestas, que ya ni siquiera se ponen de acuerdo entre sí, han pintado un escenario político digno de las pésimas telenovelas latinoamericanas, y con un ingrediente de acción para tratar de comprar la simpatía de la audiencia, de un elenco de escaso carisma.
Mientras el pan y el circo continúa en la carísima parranda, nuestro tesorero nacional anuncia el crecimiento galopante de los gastos de Estado, y el inevitable déficit, el cual no es más que una tremenda resaca de la glotonería burocrática que se viene perpetrando desde hace décadas en Costa Rica.
Asimismo en nuestra fiesta democrática algunos medios promueven la discriminación de candidatos con debates cerrados a los cuatro elegidos según la intención de voto de sondeos que muestran discrepancias abismales.
¿Quiénes son entonces los verdaderos ganadores de esta democracia particular?
Independientemente de los resultados, las estructuras, las maquinarias del amiguismo, del clientelismo son las que terminan aprovechando las ventajas de todo el dinero que se mueve con el pretexto de la apertura de la temporada de caza de votos.
Así las cosas, es difícil creer, luego de tantos comicios de promesas vacías, de anuncios de televisión que venden candidatos como refrescos de cola y debates estériles, que quien sea que llegue a la silla presidencial, vaya a hacer una diferencia en el gobierno, más aún si tomamos en cuenta la cantidad de compromisos con que esa persona llega al supuesto poder.
Por esta razón, este fin de semana podemos ir con tranquilidad a votar, pues este gesto, por simbólico que sea, representa el verdadero y único poder que nos queda a los ciudadanos para manifestar nuestra aprobación o rechazo sobre la política de unos cuantos.

Luis Alberto Muñoz Madriz

@luisalberto_cr