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Martes 6 Julio, 2010

Más allá del aumentazo

El 23 de junio di un mensaje en el Plenario que algunos medios convirtieron en noticia; señalando unos que “ataqué a la Presidenta” y otros que “buscaba revivir el aumento de las remuneraciones”. Creo que las diferencias de criterio fortalecen la democracia, por lo que el lector tiene derecho a conocer las distintas fuentes para sacar sus propias conclusiones.
Gobernabilidad en el multipartidismo: Los momentos difíciles permiten conocer la entereza de las fracciones. En el caso de las remuneraciones, quienes mantuvimos la posición original fuimos blanco de críticas. No obstante, teníamos claro que el partido era de cuatro años y debíamos mantener el control político del Primer Poder de la República. Sé que este argumento no vale para unos, pero el ejercicio del poder contempla estrategias más allá de lo perceptible. Era la primera ocasión, en el complicado multipartidismo imperante, que un bloque de seis partidos se aglutinaba para darle eficiencia y gobernabilidad a la Asamblea.
En menos de 12 sesiones se votó la Reforma Constitucional que da a la Educación el 8% del PIB. Una decisión trascendente como las Garantías Sociales y la Proscripción del Ejército. Además, la Ley de Gestión de Residuos Sólidos. El presupuesto de la Asamblea es superior a 26 mil millones anuales, y todos censuramos su improductividad.
Consulta a la Sala: Aprobado en primer debate, los diputados tienen la facultad de consultar a la Sala: Si este es un caso de legislación en beneficio propio con responsabilidades penales, o si está acorde con la legalidad. Cualquier respuesta tendrá detractores, pero habrá certidumbre jurídica. ¿Qué pasa si determina que lo actuado es ilegal? Porque así se aumentan sus salarios los magistrados en Corte Plena, los ministros en Consejo de Gobierno y también los presidentes ejecutivos, con solo el voto de mayoría de su junta directiva. ¿Se requiere una ley cada vez que se incrementen los ingresos de los miembros de los supremos poderes?
La carta que envía la señora Presidenta a la Asamblea Legislativa expresa su oposición, dando un veto político. Era posible responderle positiva y prudentemente al clamor popular, sin detrimento de la gobernabilidad.
Remuneración y exclusividad del cargo: Ser diputado es un honor y una suerte de supervivencia de las especies. Cientos iniciamos el recorrido y, luego de meses o años, los menos somos electos. En ese proceso, se abandonaron empresas y oficinas e invirtieron sumas cuantiosas. Algunos dicen que para ser diputado es suficiente con saber leer y escribir. Esa descalificación no opaca el liderazgo, talento y responsabilidad cívica de los diputados, quienes, ni más ni menos, somos el reflejo de las virtudes y defectos de la sociedad que representamos.
El diputado puede ejercer su profesión o dedicarse simultáneamente a sus empresas, lo cual es peligroso por el tráfico de influencias, lo que terminaba con la propuesta. Como es normal en el sector público, a la exclusividad se le reconoce un valor económico.
Valentía, solidaridad y congruencia: Dije en la fracción, que el Poder Ejecutivo no tenía que adelantar criterio a favor del aumento. Primero, por ser poderes independientes; luego, porque la impopularidad del tema lo arrastraría. La valentía, solidaridad y congruencia de las autoridades del Poder Ejecutivo, era posible mantenerlas sin la necesidad que sus diputados de fracción y aliados estratégicos cargáramos con el escarnio de quedar etiquetados como “sinvergüenzas”.
Al dar mi humilde criterio, reafirmo que continuaré con igual empeño trabajando por el país y el Programa de Gobierno de doña Laura Chinchilla.

Fabio Molina Rojas
Diputado