Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 1 Mayo, 2009


Más allá de las ceremonias


El 1ro. de Mayo en Costa Rica constituye una fecha que nunca puede pasar desapercibida por la opinión pública. En la historia patria y en las normas constitucionales, el 1ro. de Mayo está cargado de remembranzas patrióticas, dado que se conmemora un acontecimiento de gran significación en los destinos de los pueblos de Centroamérica, como es la rendición del filibustero yanqui William Walker, lo que culminó la gesta heroica de liberación de toda la región. Desde el punto de vista de las luchas por la justicia social y la dignidad de los trabajadores, hoy se celebra en el mundo entero el Día Mundial de los Trabajadores con manifestaciones y desfiles de carácter beligerante en los países capitalistas, de carácter festivo en los países socialistas.
Pero en Costa Rica, hay otras razones por las cuales el 1ro. de Mayo está en la mira de los medios de comunicación. Todas las miradas están hoy dirigidas a Cuesta de Moras donde los diputados eligen —no sin inesperadas sorpresas en algunos casos que han hecho historia— el nuevo directorio de la Asamblea Legislativa. Por desgracia, en estos últimos años, el despotismo del régimen arista ha hecho que la mayoría parlamentaria se haya convertido en un rebaño, deshonrando así la alta investidura que el pueblo y la Constitución le ha conferido. Por lo que la elección del Presidente de la Asamblea Legislativa no es más que un ritual, en donde los eventuales méritos que pueda tener quien haya de reemplazar al Jefe del Ejecutivo cuando este se ausente del país, cosa que, me imagino, hará el Presidente con más frecuencia en este su último año de gobierno, se ven empañados por el ucase presidencial.
Pero, más allá de estas actividades consuetudinarias en una fecha como esta, quizás lo más relevante para la vida política nacional es que el régimen de los hermanos Arias llega a su último año con más pena que gloria. Basta con preguntarse sobre lo que era Costa Rica hace tres años y lo que es hoy. ¿Hemos mejorado en algún rubro realmente significativo? ¿Ha mejorado sustancialmente el bienestar de la gente o la seguridad ciudadana? ¿Ha cumplido Oscar sus promesas de campaña, por ejemplo, en la erradicación de tugurios, o en las exigencias éticas en el ejercicio de la función pública? ¿Cómo se prevé que dejará las finanzas del Estado dentro de un año? ¿Heredará el nuevo gobierno una sólida economía, o tan solo deudas e hipotecas?
Evidentemente no espere el costarricense ni datos ni luces que le permitan responder con fundamento en la realidad a estas cuestiones, que atañen a su bienestar y al buen funcionamiento de la democracia, en el “informe” que el Jefe del Ejecutivo rendirá al pueblo que lo eligió, representado por los 57 miembros del Primer Poder de la Nación, como lo estipula nuestra Carta Magna. El discurso de Oscar no hará sino describirnos una Costa Rica que solo existe en su manida retórica. Solo una auténtica oposición democrática y una opinión pública vigilante podrán ejercer esa crítica sin la cual todo régimen democrático se convierte en una pantomima. Por eso, no busquemos la verdad en los recintos oficiales, sino en las calles junto a los trabajadores y en los análisis serios de quienes sí aman a su país.