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Joven con más de ocho meses de embarazo fue visitada por funcionarios del IMAS para analizar su situación
Marjorie recibe esperanzas
Caso de vecina de Cristo Rey dado a conocer por LA REPUBLICA fue calificado como de extrema pobreza

Yessenia Garita
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A las 9 a.m., la alegría ya se dibujaba en el rostro de Marjorie Calderón. Este era un día diferente pues no se estaba preparando para salir a la calle a vender frutas como todos los días. Esta era una ocasión especial.
A tan solo 22 días de dar a luz, esta mujer de Cristo Rey ha tenido que compartir su embarazo con cientos de conductores que día a día la miran trabajar en el cruce de la Ulacit. Su casa es un viejo cuarto de tres metros de largo por dos de ancho en el cual debe acomodar una maltrecha cama junto con sus pocas pertenencias.
El chillido que produce la madera carcomida por la antigüedad y las polillas que también han hecho allí su casa la alertaron. A la puerta de su habitación estaban los representantes del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) que llegaron hasta allí a ofrecerle ayuda.
La visita se produjo tras un reportaje publicado por LA REPUBLICA el miércoles 8 de abril, el cual los alertó de la difícil situación económica que atraviesa esta joven mujer.
Su situación fue evidente a primera vista para los colaboradores del IMAS.
El pequeño cuarto que alquila por ¢35 mil mensuales no solo deberá compartirlo con su nuevo bebé —cuyo sexo no ha podido comprobar pues ante la ausencia de seguro no ha recibido control prenatal— sino que también con su hija Greidyn Joseth, de cuatro años. Las condiciones no son las apropiadas en una estructura que hasta el mínimo soplido del viento hace retumbar.
“Venimos a hacerle su ficha técnica para ver en qué podemos ayudarle. Son preguntas de su situación económica”, exclamó Andrés Arce, asesor de la Presidencia del IMAS, mientras intentaba entrar en confianza con Marjorie.
Los datos recabados sobre esta joven mujer fueron trasladados directamente a la Presidencia Ejecutiva de la institución.
No hubo promesas directas, tan solo el compromiso de que las autoridades del IMAS analizarán la situación social de esta madre, a quien a primera vista calificaron de una persona en extrema pobreza.
Esta situación se da, de acuerdo con las frías estadísticas que manejan en las oficinas de gobierno, cuando una persona no tiene ni siquiera las posibilidades para comprar artículos de la canasta básica.
En el caso de Marjorie, esta situación es evidente. Ella debe vivir al mes con aproximadamente ¢30 mil, que es lo que le queda de ganancia por la venta de frutas.
“Definitivamente califica en el rango de pobreza extrema, es candidata a una ayuda social de ¢80 mil o más hasta por un año. También podríamos ayudarle con el pago del alquiler de una vivienda”, dijo José Antonio Li, presidente ejecutivo del IMAS.
A su criterio, lo más importante y urgente es ofrecerle una vivienda digna.
“El IMAS no da viviendas, pero voy a asumir este caso como algo especial y voy a buscar la ayuda del Banhvi para que lo más pronto posible sea trasladada a un proyecto de vivienda”, explicó Li.
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