Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 22 Mayo, 2009


Mario Benedetti, el hombre, el poeta


Aunque era esperada en razón de su edad y de sus achaques, que se vieron empeorados en las primeras semanas de este año, la muerte de ese admirable escritor y hombre sin tacha que fue Mario Benedetti, uruguayo de nacimiento y latinoamericano de corazón, ha causado una honda impresión y una profunda tristeza en todos los medios intelectuales y políticos del Continente y más allá.
Mario Benedetti fue una figura emblemática bajo muchos aspectos debido a su intachable trayectoria de hombre comprometido con las mejores causas, sin claudicar nunca ni pedir nada a cambio.
Como hombre de letras no ha habido un caso similar en la literatura latinoamericana moderna, que yo sepa, pues cultivó con notable éxito todos los géneros literarios. Comenzó siendo cuentista (1945), pero muy pronto mostró sus dotes de poeta, luego de novelista, de brillante y original ensayista y, finalmente, de gran dramaturgo como su obra —profusamente representada en Costa Rica— Pedro y el capitán lo prueba.
No hubo nada que su prodigioso talento y su admirable pluma tocara que no lo trasformara dejando su huella de maestro en todo. Por eso unos lo preferirán como poeta y otros como novelista o cuentista. De mi parte, como filósofo que soy, siempre lo he apreciado, como a tantos otros escritores latinoamericanos (Octavio Paz, Vargas Llosa, Sábato, Carlos Fuentes) sobre todo como ensayista. En mis cursos sobre filosofía y literatura hispanoamericana, a Benedetti, al igual que a los otros autores mencionados, lo he citado profusamente en su condición de lúcido analista de nuestra cultura y de crítico de las letras latinoamericanas.
De Mario Benedetti, el hombre, guardo recuerdos imborrables, no solo por la sencillez y autenticidad que irradiaba toda su noble personalidad, sino por las dramáticas circunstancias en que lo traté. Corría la segunda mitad de la década de los 70. Era la peor época de la historia política de Nuestra América, dominada en gran parte por sangrientas dictaduras militares que sembraban el terror y obligaban a salir al exilio a sus mejores talentos. Por eso en muchos países del mundo se crearon comités, cuyas función era canalizar la solidaridad con los víctimas y denunciar los crímenes de esos regímenes. Entre otras actividades, los exiliados organizaban jornadas con esos fines en muchos países, incluida Costa Rica.
Mi esposa y yo siempre estuvimos comprometidos con la solidaridad con todos los perseguidos políticos del Continente. Un día nos avisaron que venía una delegación de patriotas uruguayos encabezada por el escritor Mario Benedetti. Fue en varios de esos actos que lo conocí y traté personalmente al igual que lo haría en varios encuentros internacionales.
Hoy guardo esos recuerdos como una de las vivencias más preciadas de mi vida. El dolor de las circunstancias en que se dieron esos encuentros se ve ahora compensado con el disfrute sin límites que me produce la lectura de sus obras. Es por eso que Mario Benedetti ocupará siempre un lugar de privilegio en mi memoria.