Macarena Barahona

Enviar
Sábado 29 Agosto, 2009


Cantera
María Laura

El otro día, viendo las noticias en la televisión, presentaron, en un breve segundo, a una joven con su voz profunda y nerviosa, narrando a los jueces las vejaciones de que fue objeto por unos jóvenes en algún bar de Santa Ana.
Pero María Laura, el objeto del juego perverso de los presuntos agresores, ha trascendido a la violación, la afrenta, la humillación y a su propio dolor, dándonos a todos y todas una lección de honor y sabiduría, que ninguna educación ha logrado.
El hacer público y llevar a juicio su caso, se ha convertido en abrir las ventanas y la puerta de la casa íntima de nuestra sociedad, donde se cometen delitos y se corren las cortinas, y las víctimas deben callar, por la imagen ofrendada a una moral social de pacotilla.
Esta exposición a todos y todas nos da un valor antes desconocido, una joven valiente defiende su dignidad, de la mano de su verdad y sinceridad, pero también de la mano de un convencimiento de sus derechos e integridad puestos a prueba en el reflejo de unos jueces que deben sentir presiones de la moral y de la autenticidad de una visión de igualdad entre los hombres y las mujeres.
Cuando se trata de sexo todas las maravillas de nuestra cultura y sus ancestros se presentan, desde las fantasías, hasta los desprecios y aberraciones más íntimas. Pero todavía el sexo tiene la bíblica connotación de cuerpo de mujer encubierto de pecado. Y hemos escuchado en diferentes testimonios, esa antigua e injusta aseveración.
Aquí, a María Laura habrá que agradecerle la libertad de su valor para ponerse delante de todos y denunciar.