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El Fideicomiso Yasuní-ITT le permitirá a Ecuador recibir recursos económicos para invertir en energía renovable, en áreas de patrimonio o protegidas por el Estado, ciencia y tecnología, reforestación, inversión social, eficiencia energética

Manos a la obra

En momentos en que urge bajar las emisiones de dióxido de carbono al ambiente, para disminuir su impacto sobre el calentamiento global y sus consecuencias, Ecuador sobresale dando muestra de inteligencia creativa.
Ese país pareciera que sin distraer energía en lamentos por los malos resultados de Kioto primero y Copenhague después, ha logrado diseñar y proponer al mundo un proyecto que, con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), le permitirá recibir recursos económicos a cambio de no explotar el 20% de sus reservas petroleras.
Estos recursos que los países entreguen irán a un fondo para dos propósitos: realizar inversiones para producir energía renovable y consolidar áreas de patrimonio, para regiones protegidas por el Estado, para reforestación, para inversión social, para ser utilizados en eficiencia energética y en ciencia y tecnología.
Sin conocer el proyecto en profundidad, solo por el enunciado de lo que significará para el desarrollo de Ecuador y para dar pasos hacia el cambio de base energética que el mundo necesita, pareciera, sin duda, una muestra de creatividad, de acierto.
Los países que decidan contribuir con una parte de los fondos para este proyecto llamado Fideicomiso Yasuní-ITT, recibirán a cambio certificados de garantía que les aseguran que el crudo se quedará de manera indefinida bajo tierra. Esto en el entendido de que si esa nación del sur en algún momento cambiara de idea y decidiera explotar ese 20% del petróleo que guarda en su territorio, debería devolver los fondos recibidos a cada país.
Pareciera que este tipo de iniciativas, bien diseñadas y expuestas, en un país que demuestre coherencia entre su vocación de conservar riquezas naturales y acciones internas, podrían ser apoyadas por la comunidad internacional.
Esto podría ser viable para las naciones grandes y ricas que no han logrado aún llegar a acuerdos y concretarlos en acciones para detener y revertir el calentamiento global que la acción humana, la de ellos principalmente, ha producido.
Esto no quiere decir que esos acuerdos no deban convertirse en realidad sin demora. Los países que mayor cantidad de dióxido de carbono emiten deben necesariamente bajarlas mediante planes que ya no pueden balancearse entre reuniones y retórica de buenas intenciones y sesudos discursos, sino mediante acciones inmediatas y concretas.
Sin embargo, y dado que son los países llamados en vías de desarrollo y las naciones más pobres quienes más habrán de sufrir las consecuencias del calentamiento global, bueno es que iniciativas como la que ahora expone Ecuador se lleven a cabo y sin tener que esperar a que salga “humo blanco” de las sonadas reuniones que se hacen para definir políticas en ese sentido.


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