Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 13 Septiembre, 2017

Manejando el cambio

Muchos recordamos a principios de siglo cuando el ICE compró páginas enteras en los medios escritos locales recordando a los costarricenses que toda llamada telefónica realizada en el territorio nacional por ley tenía que hacerse a través de sus redes. Internet comenzaba a proliferar y aparecieron sistemas de voz sobre IP que eran mucho más económicos que los servicios del “monopolio tico”.

La publicidad de ese entonces del ICE es similar a la acción del Rey Canuto el Grande de Inglaterra, Noruega y Dinamarca que “ordenó” que la marea no podía subir sin su permiso. Ahora con WhatsApp, Skype, y otros servicios la posibilidad de que alguna institución estatal puede “monopolizar” la comunicación no existe.

En 2017 el gobierno ha dado la orden a los policías de tránsito que detengan autos que sospechan que forman parte de la red Uber y que quiten las placas si resulta cierto. Los policías interrogan a chofer y pasajero y dependiendo de lo que escuchan prosiguen con su acción escuálida y triste. El costarricense culturalmente no es muy respetuoso de la autoridad, producto de un ambiente creado por dos siglos de vivir en uno de los territorios más libres del mundo, y esta acción sirve para echar leña a ese espíritu independiente. Mejor haría el gobierno en poner los policías a agilizar las presas que tenerlos actuando como “nazis de la calle.”

Otra burocracia, la Iglesia oficial del país logró impedir que se aprobara la fertilización in vitro, un derecho humano, durante muchos de los años del siglo XXI. En este caso el presidente Luis Guillermo Solís, que es un hombre sensato, por decreto aprobó este procedimiento. Como para penalizar al Presidente, la Iglesia no le permitió hablar el 2 de agosto en la Basílica en Cartago, pero todo siguió adelante y el país no recibió el castigo de Sodoma y Gomorra como algunos predijeron.

Ciertas empresas privadas están presionando para que haya más trámites y mayores costos relacionados con las compras por Internet. Ostentan todo tipo de argumentos —la reducción en empleos locales, los impuestos no cobrados, y los “peligros” cuando no hay regulaciones amplias y definidas para todo lo adquirido— pero al final de cuentas el problema que tienen es que menos personas están llegando a sus emporios para realizar sus compras. De nuevo, un esfuerzo que quienes favorecen el progreso esperan que no dé fruto.

La verdad es que tomando en cuenta el nivel educativo y cultural del costarricense, el país debería disfrutar de un ingreso per cápita de $22 mil (actualmente es $16.400) y esa brecha existe por incontables “frenillos” impuestos por grupos de presión que logran impedir el progreso y crecimiento en el país. Y esto sin contar el costo de la corrupción que atrasa y encarece tanto de lo que hace la estructura gubernamental.
Hay que darle a todo el mundo, pero en especial a la juventud, rienda suelta para soñar, crear, y vivir con gozo en una tierra realmente favorecida.

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