Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 7 Octubre, 2016

No podemos elegir inútiles. No podemos llevar a personas a experimentar con el Estado. No podemos sustituir a los que saben por los que ignoran. No podemos conspirar contra el interés nacional ni contra el particular de todos los costarricenses. No hay sustituto al conocimiento y la capacidad. No hay alternativa a la integridad y a la honestidad

Sinceramente

Malas escogencias. ¡Los inútiles al poder!

Ningún escenario político es más favorable a los costarricenses que poder escoger entre varios magníficos candidatos. ¡Los partidos políticos deben deslumbrarnos con su excelencia humana! Lo deplorable es que las buenas personas, inteligentes y capaces, honestas y diestras no aceptan entrar en la política ni en la administración pública. Han sido deliberadamente espantadas de ella por el matonismo político.
Costa Rica se ha visto sometida a una brutal campaña de medios y de redes sociales en la que se ha afirmado una y mil veces que los líderes políticos son “todos corruptos” y además “siempre los mismos”. Esto ha generado percepciones políticas gravísimas en torno a la honestidad de toda la clase política y la necesidad de su reemplazo de manera urgente, súbita, e irreflexiva. Los troles o matones de las redes insultan, degradan, buscan destruir al mensajero adversario, nunca argumentan. Ellos hablan mucho, dicen poco, no hacen nada. Han logrado con su campaña que el 74,9% de los costarricenses no tenga afiliación partidaria. Pareciera que su designio es desmantelar la estructura de partidos que es la primera línea de defensa de la democracia.
Tenemos que perseguir la corrupción pero solamente a los corruptos, sin generalizar, focalizando la acción sobre los presuntos culpables. El principio de la presunción de inocencia debe restablecerse plenamente.
No se desecha lo bueno. No se descarta lo que sirve. Quitar lo que funciona para experimentar con lo que no sabemos si funcionará es tremendamente riesgoso. A eso nos ha llevado la campaña de los inútiles. ¿Cómo atraer valores, personas valiosas y capaces, diestras y responsables a la política? ¿Cómo conservar a los buenos para que no se vayan? El matoneo político busca alejar a las buenas personas, no debemos tolerar la corrupción jamás, pero linchar inocentes tampoco.
Todo ello ha sido una argucia preconcebida e inteligente y diligentemente ejecutada como herramienta política para destruir la legitimidad de toda la clase dirigente costarricense sin distingos. Resulta que la sustitución apresurada de toda la clase política nos lleva a tener improvisados al frente de partidos y de la administración pública. Así se destruye el sistema. El objetivo último es acabar con la democracia.
También personas honestas y decentes han sido movilizadas por las agrupaciones al ejercicio de un improvisado liderazgo. Pero la improvisación conlleva ausencia de experiencia y de destrezas creadas en esas personas. No es lo mismo dar clases a un grupo de 40 alumnos que administrar un sector público con 300 mil trabajadores. ¡Qué lamentable los han quemado!
No deben los costarricenses elegir con el sentimiento lo que demanda el ejercicio sereno de la razón. No deben los costarricenses seguir la estrategia de juzgar a todos corruptos sin pruebas, a base de rumores, y demandar su sustitución inmediata. Los costarricenses deben buscar elegir a las personas más honestas, íntegras y capacitadas para el ejercicio de los puestos elegibles y de la administración pública. Los jerarcas y diputados deben ser escogidos de entre los comprobadamente decentes y honestos.
Los inútiles generan daños incalculables al país al no hacer nada o hacer las cosas mal. Son tan perniciosos que los costarricenses hemos apreciado esas claras incapacidades en su quehacer diario, en su conducta, en sus discursos, en su falta de congruencia, en sus frecuentes contradicciones.
No podemos elegir inútiles. No podemos llevar a personas a experimentar con el Estado. No podemos sustituir a los que saben por los que ignoran. No podemos conspirar contra el interés nacional ni contra el particular de todos los costarricenses. No hay sustituto al conocimiento y la capacidad. No hay alternativa a la integridad y a la honestidad.

Emilio R. Bruce
Profesor
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