Mala praxis climática
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Mala praxis climática

Hace unos días comentábamos en esta columna acerca del costo del cambio climático y como esto comenzaba a ser una verdadera preocupación en el seno de varias empresas. En esa oportunidad mencioné acerca del esfuerzo que se estaba haciendo en el país para llevar a cabo este cambio de conciencia.
No obstante, luego de tener la oportunidad de revisar varios esfuerzos en la región, vemos con preocupación el deseo impulsivo por parte de las empresas y organismos interesados de querer imponer medidas que en el fondo pueden ser contraproducentes.

El cambio de conciencia del cambio climático no se va a realizar ni de la noche a la mañana ni tampoco por imposición, es decir, imponer impuestos excesivos y arbitrarios o prohibir radicalmente el uso de cierto tipo de productos, no va a generar un cambio de conciencia, sino un rechazo inmediato.
De hecho, muchas de las soluciones de corto plazo están más orientadas a optimizar los procesos actuales que a eliminarlos; un ejemplo de esto proviene de la cadena Walmart que en Suramérica ha solicitado a sus proveedores de bolsas plásticas que trabajen con materias primas amigables con el ambiente, estableciendo un plan progresivo de cambio.
Esto ha permitido una mejor planificación de los proveedores, que han aprovechado el cambio para extenderlo a otros clientes, lo que en términos económicos resulta siendo mucho más eficiente.
Empresas como Frito Lay por ejemplo, utilizan hasta siete veces las cajas donde distribuyen los productos y en algunos países el aceite que usan para preparar sus productos, es convertido en combustible para las máquinas.
El hecho es que tiene que mostrarse y palparse no solo el beneficio ambiental per se, sino también el beneficio económico y social.
Algunas empresas multan a sus empleados por traer un segundo vehículos los días en que tienen restricción de circulación, porque no contribuyen con el ambiente, pero no toman en cuenta el problema de transporte de esos empleados, lo que genera posiblemente mayores consumos y malestar.
En Alemania, por ejemplo, existe una red vial especial para bicicletas, con parqueos acondicionados para ellas, con seguridad y comodidad; mientras que en otros casos, tienen servicios de transporte para que los empleados ni siquiera tengan que usar su vehículo propio.
Las anteriores son estrategias que van más en línea con una mentalidad pro ambiente pero no contra mercado o eficiencia.
En fin, excelentes ejemplos de buena praxis climática, que se deberían adoptar lo antes posible.

Alfredo Puerta, MBA
[email protected]


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