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Viernes 28 Agosto, 2015

Macroeconomía: La fiesta terminó
Parte I 

A diario hay comentarios y noticias negativas sobre la situación de un país o del mundo, sin retomar los orígenes y causas, de forma poco o nada constructiva.
El gran debate se centra entre la crisis de la economía occidental y el auge de la economía de China. Aquí una explicación.
La prosperidad de posguerra colapsó antes de la crisis de 1978 y dos potencias asumieron sus estrategias: Ronald Reagan fomentó la moralidad económica y Margaret Thatcher auspició el Big Bang, pero ambas tuvieron un factor común: compensar la pérdida del poder adquisitivo mediante deuda.
Pero al no fortalecer el sistema productivo para satisfacer esa demanda, se generó lo que se conoce como crecimiento inorgánico: más demanda, con una producción constante, generó inflación, que a mediano plazo generó recesión, ante la cual, personas y bancos acudieron a las propiedades como respaldo para seguir generando deuda, espiral que terminó explotando en 2008 con la crisis inmobiliaria y financiera.
Todo porque el Big Bang de Thatcher colapsó y la política de moralidad de Reagan pasó a ser de la inmoralidad.
Los CEO pasaron de ganar 25 veces lo que ganaban sus subalternos, a ganar 600 veces, además de lo que se ha denominado el robo corporativo: especular y especular, inflando estados financieros hasta el momento de acudir al Chapter 11, dejar la empresa quebrada al Estado y endosarle el caos social, consolidando el eslogan “Privatizar ganancias, socializar pérdidas”.
Occidente pasó de un nivel de vida real y sustentable como sociedad productiva a una sociedad consumista, que al dejar que los mercados se corrigieran solos, generó la antesala de 2008, como ya lo señaló Sir Philip Hampton. A Occidente no le importó la deuda, porque a los dirigentes políticos se les facilitó ganar elecciones mientras las personas se sintieran exitosas comprando (con deuda). Incluso la crisis de 1999 fue un primer reflejo del desequilibrio, pero la solución fue generar más deuda, aumentando la espiral caótica.
Paralelamente, el auge de China no es por la crisis en Occidente: desde la era Nixon, China se abrió a exportar materias primas y, en 1992, Deng Xiaoping preparó a China a un crecimiento real, sostenible, construyendo fábricas para exportar, capacitar al personal y fomentar producir con calidad.
Adicionalmente, alentó el ahorro más que el consumo. Mientras en Occidente una pareja son dos salarios para gastar, en China una pareja son dos salarios, uno para ahorrar y otro para comprar. Es por eso que mientras en Occidente crece el pesimismo (con un PPA medio del 0%), en China crece el optimismo (con un PPA medio del 50%)..
En definitiva, no se puede regresar al capitalismo basado en deuda, ni se puede estimular la demanda con deuda: los países deben fortalecen su estructura productiva.
Ya es hora de abandonar ideologías y dogmas. Hay que pensar en el crecimiento económico sostenible, del país por el beneficio de todos, como hizo Japón con “Japan Corp.” y como implementó Deng Xiaoping cuando dijo: “No importa si el gato es blanco o negro si casa ratones”.

Luis Guillermo Quesada Sibaja