Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 4 Febrero, 2010


VERICUETOS
Lunes 8 de febrero

Los costarricenses han logrado forjar un país excepcional. Conformamos una nación que ha alcanzado logros extraordinarios gracias, en mucho, a las decisiones visionarias de sus más destacados hijos y a la capacidad de sus ciudadanos para dialogar, para resolver sus problemas pacíficamente y, sin ninguna duda, para definir su destino político por la vía de esas instituciones electorales que nos han hecho ejemplo en el mundo y modelo en el hemisferio.
Mientras otros pueblos de América vivían inmersos en guerras y golpes de Estado, Costa Rica pudo mantener incólume un virtuoso sistema democrático que nos ha ganado respeto y consideración internacional como un pueblo de arraigada vocación pacifista y de sólidos valores en la defensa de nuestro sistema de libertades.
¿Cuál de nosotros no se siente emocionadamente honrado y profundamente orgulloso de aquella expresión del presidente Julio María Sanguinetti: “Donde hay un costarricense, esté donde esté, hay Libertad”?
Un sistema y una libertad que nos han permitido históricamente escoger a nuestros gobernantes pacíficamente, sin alteraciones a nuestro régimen ni consecuencias que afecten nuestra tradición pacifista.
Y por supuesto que esto no tiene que ver con la realidad social y económica que vive el país, consecuencia de múltiples factores, autóctonos e importados, cuya gravedad no es posible ocultar.
No se trata, por supuesto, de que la estructura de los procesos electorales y las normas que regulan y atemperan la lucha por el poder tengan consecuencia directa en el agravamiento de los problemas nacionales, ni que se encuentre en ella el origen de las inequidades en que ha caído esta sociedad y que es necesario resolver.
Por el contrario, soy un convencido de que el Tribunal Supremo de Elecciones y las leyes y normas electorales han sido fundamentales para garantizar la equidad en los procesos y, obviamente en el fortalecimiento del sistema democrático, aun a pesar de la necesidad de mejorar aspectos como el financiamiento de los partidos, el transporte de electores, el voto en el extranjero y garantizar el acceso de los pequeños partidos y de movimientos emergentes a los medios de comunicación en condiciones de igualdad.
Pero no por perfectible podemos ignorar la tremenda importancia histórica de este sistema electoral transparente en la preservación de nuestros valores y de la voluntad ciudadana de la mayoría.
Por eso es muy importante que los costarricenses cerremos el círculo alrededor y en defensa del TSE y reconozcamos no solo el papel histórico que ha jugado, sino la absoluta confianza en la imparcialidad de sus decisiones en la interpretación de los designios populares.
El lunes 8 de febrero esperamos de los candidatos una actitud comedida y responsable. Esperamos que acaten la voluntad de este pueblo que merece seguir viviendo en paz y creyendo en sus instituciones.
En lo personal me han preocupado y rechazo enfáticamente los comentarios y la actitud de algunos candidatos que pretenden sembrar duda sobre la imparcialidad del Tribunal, porque no solo son gratuitas y sin base alguna comprobable, sino profundamente irresponsables.
Esperamos que la decepción de los perdedores no sea motivo para crispar ánimos y cuestionar la interpretación y proclamación de los resultados.
El lunes 8 de febrero esperamos respeto a la mayoría, respeto al TSE, comedimiento y humildad en los vencedores y aceptación y sabiduría en los perdedores.
El lunes todos, sin distinciones, seguiremos siendo costarricenses, una denominación que nos distingue y nos obliga.