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Miércoles 17 Noviembre, 2010

Luchemos por lo que vale la pena

La llamada “igualdad de género” ha sido una lucha que se ha enfrentado por muchos años, una batalla que aún no está ganada porque muchas mujeres, independientemente de nuestra condición social aún vivimos situaciones de discriminación. Si aún ahora, en 2010 es así, imagínese cómo era en 1903, año de la creación de nuestro actual himno nacional. En ese año, las mujeres aún no teníamos derecho al voto, había ejército, pocas tenían oportunidad de estudiar y la realidad social y política era muy distinta a la que vivimos ahora. Probablemente en aquel tiempo no me hubieran publicado este artículo, o tal vez ni siquiera sabría leer ni escribir.
Hoy en día es políticamente correcto hablar de “los y las” “niños y niñas” “todos y todas” de una manera casi obsesiva, que no hace más que dificultar la lectura y el discurso oral y que no representa, ni ha representado un mayor avance en las condiciones que debemos enfrentar las mujeres. Quisiera saber cuántas mujeres menos han muerto a manos de sus parejas desde que comenzó la moda del “utra feminismo lingüístico”, o si está relacionado el uso del lenguaje con el aumento en el salario de una mujer, en relación con un nombre en el mismo puesto.
Si todos los libros, discursos, sitios web y publicaciones del país incluyeran siempre el “las y los” ¿experimentaríamos una revolución social de derechos? ¿Acaso si el himno dijera: “verás a tu pueblo valiente, viril y femenino” va a haber una sola oportunidad más para una niña en riesgo social? ¿Si además agregáramos, “conquistaron tus hijos e hijas labriegos y labriegas sencillos y sencillas”, eso me garantiza que en la calle cesará la chabacanería hacia las mujeres? Se penalizaría más fuerte el acoso sexual laboral?
Nos encantan la hipocresía y las acciones simplonas que tienen resonancia mediática y que parecen trascendentales. A varios de nuestros políticos les gusta decir “los ciudadanos y ciudadanas”, pero se bajan del podio y enfrentan demandas por acoso sexual parte de sus colaboradoras.
Acciones absurdas como la interpuesta por la señora sindicalista ante la Sala IV desprestigian el nombre del feminismo y a sus integrantes.
No necesitamos una igualdad superficial. Lo que realmente necesitamos es ganar las grandes batallas contra el irrespeto y la discriminación, dirigir los esfuerzos políticos y sociales hacia proyectos que ofrezcan beneficios reales y construir todos los días una verdadera igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Shirley Malespín
Relacionista pública
[email protected]