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Las mujeres costarricenses estudian, con grandes sacrificios en muchos casos, pero lo hacen, con la esperanza de ser contratadas luego en igual medida y nivel que los hombres y con igual salario de acuerdo con lo que corresponda. Sin embargo, esto no ocurre así


Los vecinos nos sacaron ventaja

Revisar lo que ocurre en el país parece indispensable a la luz de la caída en igualdad de género de 17 lugares en el ranking publicado por el Foro Económico Mundial la semana pasada.
Nuestros vecinos del Norte y del Sur nos han sacado ventaja en este aspecto.
Hay diferencias muy marcadas entre hombres y mujeres en el ingreso per cápita.
¿Qué hemos hecho y continuamos haciendo mal como país para que se haya desmejorado la igualdad de género? ¿No es una responsabilidad público-privada este fenómeno socioeconómico?
Las mujeres costarricenses estudian, con grandes sacrificios en muchos casos, pero lo hacen, con la esperanza de ser contratadas luego en igual medida y nivel que los hombres y con igual salario de acuerdo con lo que corresponda.
Sin embargo, esto no ocurre así. En vez de disminuir, la igualdad de género aumentó. Hay grandes diferencias salariales entre hombres y mujeres.
Esto, que es un problema para el sexo femenino, es negativo también para Costa Rica como país porque se ve disminuido el aporte enriquecedor de la visión femenina económica de nuestro tiempo.
¿Por qué a pesar de esta verdad indiscutible no ha sido abandonado aún en este país el modelo machista?
¿Por qué sigue este permaneciendo localmente, si se sabe que la economía de hoy es global más allá del sexo, la raza o cualquier otra diferencia?
No tenemos —al menos no las conocemos hasta el momento— pruebas contundentes de que exista un pensamiento económico femenino; sin embargo, sí vemos un nuevo tipo de liderazgo en las mujeres y un nuevo enfoque de las cosas, que no debería estar ausente.
Por eso, como decíamos al inicio, deberíamos revisar cómo se están haciendo las cosas en Costa Rica y por qué en vez de avanzar en el sentido de la igualdad de género se haya retrocedido.
La buena noticia es que se puede rectificar. No es un problema sin solución sino que, todo lo contrario, solo requiere la voluntad de los tomadores de decisiones a la hora de contratar colaboradores y fijar el monto de sus salarios para que este se equipare al de los varones.
Pero la tarea es más amplia, se debe educar al personal de las empresas para que modifique su cultura que, en buena medida, hasta ahora lo mantiene acostumbrado a recibir órdenes solamente de los hombres.
La educación, como en casi todo lo demás, puede ser clave para estas necesarias modificaciones. A mejor nivel educativo, si la formación es de carácter integral, habrá menos dificultad para ubicarse en la actualidad y comprender que el siglo XXI no puede seguir arrastrando viejas ideas y prácticas como en su momento lo fue prohibir a las mujeres el derecho a ingresar a una universidad.

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